La final del Mundial de 2026 entre España y Argentina no solo ha reunido a dos de las grandes potencias del fútbol. El palco de autoridades del MetLife Stadium, en Nueva Jersey, también se ha convertido este domingo en el escenario de una fotografía diplomática cargada de tensión: el saludo entre Donald Trump y Pedro Sánchez después de meses de diferencias políticas entre ambos gobiernos.El presidente de Estados Unidos ha ejercido como anfitrión del encuentro, disputado en el estadio situado a pocos kilómetros de Nueva York. La presencia del mandatario estadounidense ha obligado a desplegar unas enormes medidas de seguridad alrededor del recinto y, especialmente, en un palco protegido por un gran cristal blindado.En esa especie de pecera reservada para dirigentes y personalidades, Trump ha estrechado la mano del presidente del Gobierno de España. También ha saludado al rey Felipe VI y a la reina Letizia antes de que cada una de las delegaciones ocupara sus respectivos asientos.Las imágenes mostraron un encuentro correcto y breve. Hubo apretón de manos, algunas palabras y gestos protocolarios. Poco más. El saludo permitió rebajar, al menos durante el partido, la tensión que ha marcado la relación entre Trump y Sánchez durante los últimos meses.Una relación marcada por las diferenciasLa coincidencia había generado una gran expectación debido a los enfrentamientos mantenidos por los dos dirigentes, principalmente por el gasto español en Defensa y por las distintas posiciones ante la política internacional de Estados Unidos.Trump ha criticado en repetidas ocasiones la negativa de España a elevar su inversión militar hasta el 5% del producto interior bruto. Sánchez, por su parte, ha defendido que el país puede cumplir los objetivos de capacidades establecidos por la OTAN destinando menos recursos.Las discrepancias también han alcanzado la posición española ante la guerra de Estados Unidos contra Irán y el posible uso de las bases militares estadounidenses situadas en territorio español. Trump llegó a lanzar duras descalificaciones contra el Ejecutivo de Sánchez, aunque la relación había comenzado a destensarse en las últimas semanas.La fotografía de Nueva Jersey supone el segundo episodio de este acercamiento. Ambos dirigentes ya habían mantenido una conversación durante la cumbre de la OTAN celebrada a principios de julio en Ankara, donde hablaron brevemente de fútbol y golf.Sánchez aseguró antes del partido que tenía previsto felicitar a Trump por los 250 años de la independencia de Estados Unidos y transmitirle que “hay muchas cosas que nos unen” como sociedades.El presidente español también calificó el España-Argentina como “la final soñada” y presentó la jornada como un momento histórico para el país. “Que gane el mejor, y que el mejor sea España”, declaró ante las cámaras de TVE antes de ocupar su sitio en el palco.Preguntado por la posibilidad de que Trump fuera el encargado de entregar el trofeo, Sánchez restó importancia al protagonista de la ceremonia y centró su respuesta en la selección: “A mí, más que quién entregue la copa, lo importante es quién la reciba, y espero que sea la selección española”.Líderes enfrentados bajo un cristal blindadoTrump no solo tuvo que compartir espacio con el presidente español. En el palco también estaban la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, representantes de los otros dos países organizadores de un Mundial marcado igualmente por las tensiones comerciales y el giro proteccionista de Washington.Junto al mandatario estadounidense se situaron la primera dama, Melania Trump, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. A pocos metros se encontraba la representación española, encabezada por Felipe VI y Letizia, Pedro Sánchez y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán.Los reyes viajaron acompañados por la princesa Leonor y la infanta Sofía. Antes del partido aseguraron que afrontaban la final “con nervios pero con confianza”, y durante el encuentro mostraron abiertamente su respaldo a la selección española.Felipe VI y Letizia también ejercieron sus habituales funciones diplomáticas en un palco ocupado por dirigentes que representan visiones muy distintas del mundo. Los monarcas saludaron a los invitados y contribuyeron a rebajar durante algunos momentos la evidente frialdad existente entre varias de las delegaciones.