Luis de la Fuente lo volvió a hacer. Miró a su banquillo, movió sus piezas para refrescar al equipo y un gol fabricado por dos suplentes llevó a España hacia su segunda estrella mundialista. El centro de un enorme Pedro Porro lo cabeceó hacia atrás un Nico Williams que se sumó a la fiesta a tiempo y Ferran, ese futbolista diferente que siempre aparece entre líneas, remachó al Dibu para que La Roja hiciera justicia y el fútbol triunfara en la final del Mundial. Porque si alguien buscó la victoria en todo momento fue España, que se hizo dueña del balón desde la idea y el estilo que mantuvo durante todo el torneo y sólo su falta de acierto provocó que la final se fuera a la prórroga. Ante selecciones con grandes estrellas mundiales, España contrapuso el valor del grupo y la idea en torno a un seleccionador que sabe manejar a la perfección los momentos de cada futbolista. Delante, al frente de Argentina, estaba un Leo Messi que buscaba su segunda estrella y con 39 años había marcado 8 goles. Francia se hundió en semifinales pese a tener a Kilian Mbappé como máximo goleador del torneo con 10 tantos. Inglaterra fue tercera pese al talento de Harry Kane o Jude Bellingham, Noruega se despidió en cuartos con Haaland y Brasil se estrelló en octavos pese a tener a Vinicius. ¿Y España? La Roja se va de Estados Unidos como campeona del mundo pese a que su futbolista más determinante, más estelar, solo anotó un gol y estuvo muy lejos de su mejor nivel. Lamine Yamal llegó muy justo de forma y, pese a que De la Fuente le dio la titularidad en cuanto pudo y le mimó, no tuvo ese protagonismo que tanto deseaba. Ese protagonismo se lo repartieron entre todos, que tiraron del grupo para hacer de España campeona. Fue el caso de Mikel Oyarzabal ejerciendo de delantero centro con cinco goles, con un Mikel Merino que resolvió dos eliminatorias saliendo en los minutos finales desde el banquillo, con un Baena que se aplicó como extremo izquierdo ante los problemas de Nico Williams, con un Pedro Porro excepcional por el lateral derecho, un Rodri que volvió a ejercer de mejor centrocampista del mundo, dos centrales infranqueables como Cubarsí y Laporte, un Unai Simón que batió el récord de imbatibilidad de las Copas del Mundo o un Ferran que salió en la segunda parte para juntarse a Andrés Iniesta en el olimpo del fútbol español. Y la lista podría aumentar para citar a todos los jugadores de La Roja, porque a diferencia de selecciones con estrellas, España fue un equipo. Lo que había funcionado durante todo el torneo, mejor no tocar, pensó De la Fuente, que puso en liza al mismo once de los últimos encuentros. Pero el técnico de Haro sabía que manejaba un grupo de soldados dispuestos a llevar a cabo la última misión, devolver a España a lo más alto del panorama mundial. Y por eso mientras los titulares se vaciaban sobre el campo para tirar el muro argentino, en la banda se preparaban futbolistas tan determinantes como Ferran o Merino. El primero no había marcado hasta anoche, pero había dado al navarro una asistencia fundamental para batir a Portugal en octavos de final. El segundo anotó esos dos goles decisivos ante los lusos y Bélgica y en cuanto estuvieron en el terreno de juego volvieron a ser grandes protagonistas de la final. Ferran por ese gol para la historia mientras Merino tuvo una intervención decisiva en ese gol de Nico en la prórroga anulado de forma sorprendente por el colegiado y acto seguido tuvo un remate de cabeza de lo que no suele fallar. Pero hubo más. Porque De la Fuente se pasó todo el torneo esperando al pequeño de los Williams, que llegó a Estados Unidos tocado y cuando comenzó a entrar en el equipo sufrió un problema físico ante Austria que pareció terminar con su torneo. Pero se le volvió a esperar y el extremo del Athletic apareció en la final para revolver en la defensa de Argentina, marcar el gol que fue anulado y dar la asistencia a Ferran. Después de «un año de mierda», como definió su temporada de lesiones, la final fue el premio para Nico. Y cuando nadie les esperaba, aparecieron dos jugadores que no habían tenido ni un minuto en el campeonato como Zubimendi y Eric García. Ahí es nada tener que llevar el mando de la selección campeona cuando Rodri reventó y ya no pudo seguir con su nueva clase magistral en el centro del campo. Pero Zubimendi asumió el reto mientras Eric estuvo en el sitio adecuado para defender cuando Argentina se fue a la desesperada en los minutos finales.