Trump crea la Super Intelligence Force y le da 120 días para decidir qué hacer con la IA

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Donald Trump anunció el domingo 4 de octubre de 2026 la Super Intelligence Force, un grupo de trabajo federal presidido por el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, que tiene 120 días para entregar un informe sobre los riesgos y las oportunidades de la inteligencia artificial. Lo cuenta Anthony Ha en TechCrunch, a partir de un mensaje del presidente en Truth Social y de la información previa del Wall Street Journal. Es la tercera pieza de una secuencia que arrancó en septiembre: primero la promesa de crear una fuerza de IA, luego el decreto que rebautiza la tecnología como «superinteligencia» y ahora el órgano que debe darle contenido a ese nombre.Mi lectura, por adelantado: tiene más de marca que de política pública, y el plazo de 120 días es la única parte que se puede medir.¿Quién dirige la Super Intelligence Force y qué tiene que entregar?La dirige Clayton como presidente, con tres vicepresidentes: el presidente de la Comisión Federal de Comercio (FTC), Andrew Ferguson; el subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería, Emil Michael; y el director de la Oficina de Gestión de Personal, Scott Kupor. Esa es la composición que recoge el WSJ, según TechCrunch. Su misión inmediata es un informe de riesgos y oportunidades en 120 días.Si el reloj arrancase el mismo 4 de octubre, el plazo vencería hacia el 1 de febrero de 2027. Lo digo en condicional porque TechCrunch no precisa desde cuándo corre la cuenta atrás.La carta fundacional, según la información publicada, le encarga preparar planes frente a las amenazas que habiliten los sistemas de superinteligencia y, a la vez, evitar la sobrerregulación y la «captura regulatoria» que frenarían la innovación y la competencia. Trump lo vendió en su publicación como una tecnología que, según muchos, será más grande que la Revolución Industrial y que internet.¿Cómo hemos llegado hasta una «fuerza» de superinteligencia?Hemos llegado por acumulación de gestos. El 19 de septiembre Trump dijo que formaría una fuerza de IA y nombraría a un zar del sector, pese a que había despachado el debate sobre seguridad como un bulo de sus adversarios políticos. Después firmó una orden ejecutiva para llamar «superinteligencia» a la IA, un término que han adoptado, con algún tropiezo, los directivos tecnológicos reunidos esta semana en la Casa Blanca para firmar un compromiso de seguridad no vinculante. TechCrunch recordaba el 30 de septiembre que ese documento incluía una errata con el nombre del propio país.El rebautizo ya ha cruzado fronteras. En la visita de Estado de Xi Jinping, China aceptó usar el mismo término y abrir un canal bilateral para hablar de incidentes de seguridad, algo que se formalizará en una reunión prevista para noviembre, como contamos en el acuerdo con China para llamar «Super Inteligencia» a la IA. Muy pocas veces he visto que una diplomacia entre dos potencias empiece por el vocabulario en lugar de por el contenido.¿Qué dice el Congreso mientras el Ejecutivo crea su propio grupo?El Congreso no ha votado nada. El 29 de septiembre, el presidente de la Cámara de Representantes defendía que las protecciones de seguridad fueran voluntarias, mientras un congresista demócrata presentaba un borrador para tipificar como crimen contra la humanidad el despliegue de IA autónoma peligrosa. La Cámara se iba de vacaciones sin tocar el asunto, según detallamos en la pugna entre guardrails voluntarios y una ley de control humano.Ese vacío explica por qué el Ejecutivo se mueve por decreto y por grupos de trabajo: son más rápidos y no necesitan mayorías. También explica su debilidad. Un informe de una fuerza creada por orden presidencial no obliga a nadie, y el siguiente gobierno puede archivarlo sin votación alguna.¿Por qué importa que el presidente de la FTC sea vicepresidente del grupo?Importa porque la FTC es, a la vez, la autoridad que vigila a las empresas de IA y una pieza del órgano que debe decidir cuánto vigilarlas. La agencia investiga a los grandes laboratorios por los riesgos de su tecnología para los consumidores, una indagación que empezó este verano y que podría forzar a sus ejecutivos a testificar, como explicamos en la investigación de la FTC a OpenAI y Anthropic.Aquí separo hecho de interpretación. El hecho: el mismo funcionario que lidera esa investigación se sentará en la mesa donde se escriba el informe. La interpretación, y es mía: eso puede leerse como coordinación o como una forma elegante de mantener la supervisión dentro de casa. Con la información disponible no puedo saber cuál de las dos.Lo que sí se ve es el reparto de perfiles. Entre los cuatro nombres que cita TechCrunch hay un responsable de inteligencia, un regulador, un directivo de investigación militar y un gestor de personal federal. No aparece ningún científico independiente ni ninguna organización de seguridad de IA, aunque hoy solo contamos con lo que ha filtrado la prensa sobre la composición.¿Qué significa esto para quien no vive en Estados Unidos?Significa que las reglas que acaben saliendo de este grupo, si salen, se escribirán con una prioridad declarada: no perder la carrera. Clayton ya había dicho que sería irresponsable que Estados Unidos «se retire» de la IA mientras avanzan países como China, y repitió al WSJ que uno de los mayores riesgos es no ser los primeros.Esa frase es el eje de todo el asunto. Si el riesgo principal es llegar segundo, cualquier medida de seguridad tendrá que justificarse contra el coste de ir más despacio. Para Europa, que regula por otra vía, es una divergencia de fondo y no de matices.He visto cómo las carreras tecnológicas entre bloques terminan imponiendo estándares a todos los demás. La cuestión no es si Estados Unidos y China compiten, sino quién fija las reglas de los modelos que acabaremos usando el resto.Mi posición es clara: una fuerza de 120 días con perfil acelerador y sin poder vinculante no es un freno ni un volante, es un termómetro. Servirá para medir hasta dónde está dispuesta a llegar la administración, no para limitar a nadie. Lo interesante no será el informe, sino quién redacta las excepciones y cuándo vence realmente el plazo. Si en febrero no hay texto público, sabremos que «superinteligencia» fue sobre todo una cuestión de marca.La noticia Trump crea la Super Intelligence Force y le da 120 días para decidir qué hacer con la IA fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.