El paso del tiempo tiene consecuencias que se dejan notar en diversos aspectos y uno de ellos tiene que ver con la fuerza física con la que las personas son capaces de llevar a cabo sus actividades en el día a día. La fortaleza no es la misma en la infancia que cuando se llega a la madurez y esa curva, que alcanza su pico en la mediana edad, tiende a decaer conforme se afronta la tercera edad.Es en esta última etapa donde se muestran de manera más clara dos rasgos como son la atrofia del tejido muscular y la pérdida gradual de neuronas motoras. Pese a los consejos de especialistas para entrenar fuerza de cara a tratar de minimizar esa pérdida, se trata de un proceso que resulta complejo de revertir. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Misuri parece haber dado con la causa que más afecta a esa pérdida de fuerza muscular. Más allá de la disminución de masa, la clave puede estar en el punto exacto y el modo en el que el nervio transmite la orden de contracción al músculo.La interrupción de la señal eléctrica en la unión neuromuscular Alteración en la transmisión neuromuscular en adultos mayores - Universidad de MisuriLa investigación, publicada en la revista científica The Journal of Clinical Investigation, demuestra que la unión neuromuscular pierde fiabilidad a medida que el organismo envejece. Aunque la fibra muscular conserve su volumen o la neurona motora envíe la orden correctamente desde el sistema nervioso, el impulso eléctrico no logra traducirse de forma eficaz en una contracción, cuestión que provoca que el músculo responda con menor potencia de la esperada.El doctor W. David Arnold, profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Misuri que también lidera la iniciativa NextGen Precision Health, ha encabezado la investigación, en la que ha colaborado un nutrido grupo de especialistas. El trabajo de todo el equipo se ha centrado en estudiar de manera minuciosa el comportamiento de la membrana celular en tejidos musculares tanto en seres humanos como en modelos animales.Una mirada hacia futuros tratamientos para restablecer la fuerzaLos resultados del estudio mostraron una caída drástica en los niveles de NaV1.4, un canal de sodio fundamental para que la fibra muscular genere la respuesta eléctrica necesaria antes de ejecutarse la contracción. Esa menor presencia de sodio hace que el umbral de activación de las células musculares sea más difícil de alcanzar, aspecto que repercute en que personas de edad avanzada presenten una pérdida de fuerza funcional, en algunos casos pese a conservar una buena calidad muscular.Tras identificar este fallo de comunicación, los investigadores probaron una estrategia para compensarlo. En lugar de intentar recuperar la masa perdida o reparar las neuronas dañadas, el equipo se enfocó en reducir la actividad de ClC-1, un canal de cloro que actúa como «freno» de la excitabilidad muscular. Al inhibir parcialmente este canal en modelos animales, se logró rebajar la resistencia de las fibras musculares, lo que se tradujo en una ligera recuperación a la sensibilidad de los impulsos eléctricos procedentes del nervio y, con ello, un incremento en la fuerza que los músculos eran capaces de aplicar.La finalidad última del estudio es tratar de dar con un tratamiento que permita conservar una calidad de vida y capacidad muscular acordes al aumento de la esperanza de vida, tal como destacó el propio Arnold en su publicación: «Nuestro objetivo final es garantizar que la salud de una persona se mantenga lo más alta posible durante el mayor tiempo posible».Por el momento el ensayo se encuentra en fase experimental y los investigadores subrayan que todavía son necesarios trabajos específicos para aplicar este tipo de tratamiento en pacientes que puedan mostrar esa carencia de fuerza muscular en edad avanzada. El éxito de los futuros ensayos clínicos será el que determine si esta investigación ha dado con una vía complementaria al ejercicio físico y la alimentación de cara a mejorar la calidad muscular y la fuerza con la que se afronta la etapa en que el cuerpo emite la factura en forma de pérdida de potencia y movilidad a causa de la disminución en la capacidad de las señales neurológicas.