El nuevo órgano centralizado de inteligencia empuja a Japón a la normalidad porque no parece este mundo el más idóneo para renunciar a saber qué traman los enemigos. Japón ha sido durante décadas un patio de recreo para los espías extranjeros, especialmente los rusos, alegan sus defensores, mientras sus detractores aluden al enésimo puñetazo del Ejecutivo de Sanae Takaichi a la Constitución pacifista y recuerdan los desmanes pasados.Seguir leyendo....