Gan Pampols, teniente general retirado, sobre los ejércitos que rompen el molde: «Invierte en sí mismo, mientras el resto cuando gastamos lo hacemos en Estados Unidos»

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Comprar un avión de combate exige algo más que pagar su entrega. Durante años habrá que formar pilotos, disponer de repuestos y mantener sus equipos. La procedencia de esa tecnología condiciona quién puede reparar el aparato y de dónde salen los componentes necesarios para que siga volando.La discusión sobre el rearme europeo tiene también esa dimensión industrial. Un presupuesto mayor permite encargar más material, pero no aumenta por sí solo la capacidad de las fábricas del país que lo paga. El dinero puede sostener empleo, investigación y nuevas instalaciones a miles de kilómetros del comprador.Para un ejército, la cuestión se vuelve especialmente incómoda cuando necesita reponer equipos con urgencia. Las reservas, los plazos de producción y los contratos importan tanto como las prestaciones anunciadas. Recibir el armamento y sostenerlo durante su vida útil son dos exigencias distintas que compiten por el mismo presupuesto.El destino del dineroEsa dependencia fue una de las cuestiones planteadas por el teniente general retirado Francisco Gan Pampols durante una conferencia en Huesca. Al comparar el gasto europeo con el estadounidense, resumió: «Invierte en sí mismo, mientras el resto cuando gastamos lo hacemos en Estados Unidos». Se refería a la tecnología armamentística estadounidense, según la crónica de El Diario de Huesca publicada el 30 de septiembre de 2026.Las cifras del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, SIPRI, permiten medir parte de esa relación. En 2021–2025, Estados Unidos suministró el 48 % de las importaciones europeas de grandes armas. El volumen importado por Europa aumentó un 210 % respecto a 2016–2020. Son transferencias de grandes sistemas, medidas por el instituto con un indicador propio; esos porcentajes no describen todo el gasto militar ni equivalen a euros facturados.El dato tampoco significa que Europa carezca de fabricantes. Hay empresas que producen aviones, buques, radares y vehículos. La dificultad consiste en decidir qué compras pueden cubrir y con qué calendario. En programas como los de nuevas armas españolas, el desarrollo y la fabricación requieren decisiones anteriores a la entrega del primer equipo.Una adquisición puede incluir participación de proveedores locales, licencias o acuerdos de reparación. Por eso conviene examinar cada contrato: el país de la marca no basta para conocer la dependencia real. El debate sobre sostener material importado afecta al abastecimiento después de comprar, cuando hacen falta piezas, asistencia técnica o munición compatible.Encargos comunes y capacidad fabrilLa Comisión Europea fijó una respuesta industrial en su estrategia de defensa presentada el 5 de marzo de 2024. Propuso que los Estados miembros destinen al menos el 50 % de sus presupuestos de adquisición a compras dentro de la UE en 2030 y el 60 % en 2035. Se trata de objetivos propuestos, no de porcentajes ya alcanzados.La estrategia también invitó a realizar de forma conjunta al menos el 40 % de las adquisiciones de equipos en 2030. Agrupar pedidos puede dar a un fabricante más previsibilidad para ampliar instalaciones. La continuidad de los encargos importa en industrias como la de munición guiada, que deben preparar producción y suministro de componentes.También hay decisiones sobre qué capacidades conviene compartir y cuáles debe conservar cada país. Un radar, una fábrica de proyectiles y un sistema de cascos militares conectados plantean necesidades diferentes. El acceso a la tecnología, las condiciones de mantenimiento y los plazos deben valorarse junto al precio.La advertencia de Gan Pampols obliga, por tanto, a seguir el dinero después de aprobar un presupuesto. La compra refuerza al ejército que recibe el equipo; el encargo sostiene a quien lo fabrica. Cuánto puede producir Europa por sí misma dependerá de sus pedidos, sus instalaciones y sus proveedores, además de la cantidad que decida gastar.