Todo proyecto empresarial que se precie requiere de capacidad para generar beneficios económicos que respalden su viabilidad. Una buena idea, una estructura sólida y una base laboral acorde para la ejecución necesitan que los datos del balance de resultados conviertan lo teórico en algo práctico y con recorrido temporal.Una circunstancia que nunca ha ocultado Juan Roig, presidente de Mercadona, es que ganar dinero es algo tan positivo como necesario. El crecimiento, la expansión y la implementación de nuevas medidas dependen en gran parte del flujo de caja que, no obstante, tiene un aliado fundamental e indispensable en esa otra figura que siempre eleva sobre todas las demás el máximo dirigente de la cadena de supermercados de origen valenciano: el cliente o jefe, como suele referirse a quienes visitan sus establecimientos.Es por ello que, a la hora de enumerar cuáles son las prioridades de su compañía, Roig desplaza el capital hasta el último lugar de la lista: «La misión de una empresa es satisfacer, por este orden, al jefe (cliente), trabajador, proveedor, sociedad y capital». No se trata de un capricho ni de un mensaje proclamado a la ligera. La explicación del empresario, que esta semana cumple 77 años, obedece a la necesidad de cuidar cada uno de los aspectos previos para que se traduzcan en un saldo positivo en la cuenta de resultados anual de la empresa.Así lo destacó el propio Juan Roig durante el Congreso AECOC celebrado en octubre de 2025 en el Roig Arena. En la visión que aplica el máximo ejecutivo de la cadena, el cliente representa la figura prioritaria en una lista en la que el valor de cada uno de los elementos está íntimamente ligado con el anterior y su importancia es difícil de disociar: «Creemos que los cinco son igual de importantes, pero hay que ordenarlos, y cuando tenemos cualquier problema lo analizamos desde este punto de vista».El «jefe» como árbitro del negocio en colaboración con los empleados Juan Roig durante una de sus participaciones en el Congreso AECOCSegún la perspectiva de Juan Roig, el cliente es «quien tiene el poder sobre la vida o la muerte de una empresa». En este sentido, ha detallado que lo que busca quien acude a sus establecimientos es cubrir necesidades básicas de alimentación, aseo personal y cuidado del hogar, a través de un abanico de productos con exponentes limitados en los que prima la calidad sobre la variedad y diversidad de marcas, política ampliamente reconocible de la compañía.El hecho de cumplir con las expectativas del cliente depende en buena medida del trato y el orden que percibe en los establecimientos. Un factor en el que emerge esa figura que ocupa el segundo escalafón en la lista de prioridades de Mercadona: el empleado. En su intervención, Roig se mostró «muy orgulloso» de los cerca de 120.000 trabajadores que integran la plantilla de la compañía, y puso especial énfasis en la necesidad de cuidarlos porque «un trabajador no es solo manos, es corazón y cerebro». La importancia del trabajador también se percibe en la escala retributiva de la cadena, que trata de motivar e implicar a los trabajadores en el proyecto común.Alianza con interproveedores y retorno social del modeloSatisfacción de los clientes y de los empleados que también obedece a una relación de confianza con los proveedores que trabajan con Mercadona. En ese aspecto, la compañía necesita garantizar un surtido ajustado y de máxima calidad, cuestión por la que cobran relevancia los proveedores e «interproveedores de confianza», definidos por Roig como verdaderos especialistas en su materia.Con esos tres pilares funcionando de manera satisfactoria, el cuarto elemento llega de manera natural en cualquier proyecto. La expansión a distintas ubicaciones de la geografía, incluyendo su expansión a Portugal, donde cuenta con más de 70 tiendas, así como la implicación en diversos ámbitos cotidianos como facilitar la rutina de la alimentación a través de la sección de platos preparados 'Listo para comer' realzan la visión amplia de Mercadona y esa preocupación social que refuerza la imagen y reputación.Con todos esos elementos alineados de manera precisa, el capital resulta en una consecuencia lógica que finalmente acaba por revertir de nuevo en todos los elementos previamente mencionados. Se trata de una cadena continua para la que Mercadona, con su presidente Juan Roig a la cabeza, tiene definida una estructura de prioridades en la que los eslabones se unen de manera tan natural como precisa.