Al cine le han criticado muchas veces por repetirse demasiado. Pero la última secuela idéntica a sí misma ahora tiene indignado a todo el séptimo arte. No se ha estrenado en salas, sino en la política cultural. O, más bien, precisamente no llegará a estrenarse: por segunda vez consecutiva un adelanto electoral impide el debut de una nueva ley del cine, justo cuando empezaba a vislumbrar la meta. En 2026, igual que en 2023. Tras repetidas promesas del ministerio, entonces como hoy. No ha bastado siquiera con la tramitación “por la vía urgente” de un texto casi igual al que terminó cancelado hace tres años: mismo epílogo, un déjà vu. Así, cuando los futuros gobierno y parlamento tomen posesión, la normativa en vigor tendrá dos décadas. Cuando se aprobó, en 2007, se lanzaban un móvil inteligente bautizado como iPhone y una plataforma online llamada Netflix. Seguir leyendo