Durante 80 años pensamos que Asimov había encontrado la forma de controlar a los robots. La IA moderna acaba de destrozar esa idea

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“No hacer daño a un humano” parece una instrucción perfecta hasta que hay que convertirla en software. Ochenta años después, la industria sigue intentando resolver exactamente el problema que las historias de Asimov demostraban que esas tres frases no podían solucionar.