Mikel Merino rescata una vez más a España en un duelo agónico

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La selección se sujeta una vez más en la espalda de Mikel Merino, un futbolista que ni es rápido ni parece equipado de serie para el fútbol. Pero que es indetectable y letal. Dos virtudes que rescatan otra vez a España y otorgan la razón a De la Fuente, que sacó al navarro en el segundo tiempo y extiende así la secuencia de partidos oficiales sin perder, 42 ya y clasificado para los cuartos de final de la Nations League. Croacia jugó con orgullo y fe en la primera parte, pero cedió en la segunda ante la campeona del mundo. La afición croata ovaciona a Dani Olmo cuando el atacante del Barcelona asoma la nariz por el túnel de vestuarios. No solo es su pasado croata, sino la generosidad que permanecía oculta y que no fue desvelada por el futbolista, sino por su manager. Ese 2 por ciento de su salario donado a la la ciudad más castigada por la guerra de Croacia concita mucha más admiración que la calidad que pueda mostrar en un campo de juego. Croacia es un país herido después de la terrible derrota ante Inglaterra, un 0-7 que penetró como un cuchillo en el orgullo de una selección que nunca recibió semejante escarnio. Una humillación que llevó a su leyenda, Modric, a hablar de sentimiento de vergüenza. Por esa autoestima calcinada, por lo que el fútbol refleja como esencia de un país, los croatas que salen vestidos de azul al estadio del Hadjuk Split son guerreros con hachas colgadas de la espalda, indios con pinturas de ataque que no aceptan un no por respuesta. Delante está España con su seguridad al volante, el balón de pie a pie, esa armonía en la transición hacia el adversario. Un campeón del mundo que ha aniquilado a la competencia en el Mundial, en la Eurocopa y en 42 partidos oficiales con el suave veneno de la calidad. Pero Croacia muerde en cada lance, deja ristras de piel por el césped, es agresiva hasta un límite desconocido y atosiga a la selección, la obliga a combinar más rápido, a dar más velocidad a la bola. Ni así desatasca España el encuentro. El objetivo de Croacia es interrumpir. Cualquier fórmula vale para romper el ritmo, faltas, patadas, empujones, mordiscos o lo que sea. Van 13 minutos y Laporte, uno de los mejores físicos de la selección, ya rueda dos veces por el suelo. A Rodri le han arrebatado dos o tres pelotas, y de repente Unai Simón tienen que multiplicarse porque los croatas llegan, chutan y también marcan. Sucede al tercer intento, minuto 17, una conducción de Kovacic que divide a la defensa española, el pase a Matanovic, que chuta duro y abajo para lucimiento de Unai, quien ya no puede con el rechace a la cabeza de Perisic. 1-0 y España remar. La secuencia de juego de la selección, ese acordeón que empieza con los pases del portero a los defensas y se aclaran al llegar a Rodri, también se ha quebrado. Los croatas presionan y casi logran el segundo en un fallo conjunto de Unai y Laporte al combinar en el área. Lamine Yamal ya tiene tres oponentes cada vez que recibe, lo que complica la construcción de juego de España. Aun así, el barcelonista escapa un par de veces a la vigilancia croata y construye ocasiones que no se culminan. Oyarzábal no acierta en un pase de Laporte. Unai realiza una tercera parada de mérito al salir a tapar Gvardiol. España no ha generado oportunidades en la primera mitad, sometida al empuje de Croacia, que ha capturado todos los rechaces, ha conquistado los duelos y ha expuesto la pierna con más dureza. España sacude el polvo en el segundo acto. Maneja la pelota, acosa al rival desde la posesión, lo arrincona, vuelve a mandar. Ha dejado de sufrir en un visto y no visto. Lamine ha fijado a los defensas croatas, es una amenaza permanente. Rodri ya no pierde una bola. Cubarsí enlaza con Lamine en un pase fantástico y el genio de Mataró se tira cuando regatea al portero croata. Se va el gol, se pierde la opción y no hay penalti. Los cracks no siempre toman las mejores decisiones. Pero España ha arrinconado a Croacia, deja su sello en Split y, como siempre, asoma la flor de Luis de la Fuente. Su cambio en el descanso, el siempre puntual Mikel Merino, marca con sutileza el empate en un balón suelo. Los croatas no se han rendido, pese al gobierno de la selección. Y exigen mucho más a Unai, el partido es una delicia, hermoso intercambio de estilos. Zubimendi falla un pase en área española y Perisic tiene el gol, pero Unai repele el disparo con agilidad felina. El público se ensaña con Cucurella después de la expulsión de Perisic por segunda amarilla, aceptable decisión arbitral. Ni en Alemania ni en Croacia quieren al lateral madridista. España busca con ahínco y fe otra victoria, es su sello. Persigue y encuentra. El pase de Zubimendi, el control bien orientado de Merino y el zurdazo inapelable. Insuperable.