Aquel 8 de agosto de 2024, el expresident de la Generalitat Carles Puigdemont puso punto final a su televisada reaparición en Barcelona con una frase: "No sé cuándo volveremos a vernos. Pero cuando lo hagamos, volveremos a gritar juntos 'Viva Cataluña libre'". Ahora, dos años y una amnistía después, su vuelta está más cerca que nunca. El instructor del procés ha ordenado este martes levantar las órdenes de busca, captura e ingreso en prisión que pesaban sobre los dirigentes independentistas procesados en rebeldía. Lo ha hecho tras la decisión del Tribunal Constitucional de conceder amparo a la exconsellera Dolors Bassa, condenada por el referéndum del 1-O. Un movimiento que allana el regreso de Puigdemont en pleno periodo electoral y con un partido –Junts– en caída libre.El levantamiento de las cautelares no es definitivo. En principio, solo se mantendrá durante el "tiempo indispensable" para estudiar la sentencia que emita el Tribunal Constitucional. Una vez se conozca el "texto íntegro", recoge el auto del magistrado Pablo Llarena, se decidirá "sin demora" sobre la "confirmación o modificación" de la decisión. Y también sobre la aplicación, dos años después de su entrada en vigor, de la amnistía al delito de malversación, la gran piedra en el zapato tanto para los líderes independentistas ya condenados –el exvicepresidente Oriol Junqueras y los exconsellers Dolors Bassa, Raül Romeva y Jordi Turull– como para los fugados –Puigdemont y los exconsellers Antoni Comín y Lluís Puig–.La desconfianza en el Alto Tribunal es máxima. Por eso, desde el entorno del expresident descartan una vuelta hasta que todo esté atado. Fuentes de su máxima confianza explican que el alzamiento de las órdenes es "un paso relevante" pero de alcance "muy concreto". "No supone que ya se haya aplicado la amnistía ni que su procedimiento haya terminado. Ahora corresponde que Llarena lo eleve a la Sala de lo Penal del Supremo para que se le aplique [la medida de gracia]. Ese es el paso que falta y el que debe poner fin a la persecución penal por los hechos amnistiados. Cuando se haya dado, el president estará en condiciones de fijar la fecha de su regreso", apuntan.No ha sido el 11 de septiembre, durante la Diada. Ni tampoco el 1 de octubre, en recuerdo a aquel referéndum de independencia que le ha estado persiguiendo penalmente hasta ahora. No obstante, aún quedan días en el calendario cargados de simbolismo. Sobre todo en octubre. Se podría cerrar el círculo el 30, convirtiéndolo en la fecha de huida y regreso del expresident. También está el 27, que es cuando se aprobó la declaración unilateral de independencia. O el 23, que evoca a aquel "Ciutadans de Catalunya. Ja soc aquí" del president Josep Tarradellas desde el balcón del Palau tras casi cuatro décadas en el exilio.Por aquel entonces, en 1977, acababa de restituirse la Generalitat tras una sangrienta dictadura. Ahora la situación es muy diferente. Tras nueve años, Puigdemont volverá a una Cataluña que parece haber regresado a la "normalidad institucional". El líder del Ejecutivo, Salvador Illa, tiene previsto invitarle al Palau, como ha hecho con el resto de expresidentes, cuando regrese de Waterloo. Se espera, sin embargo, que la gran recepción institucional sea en el Parlament, cuya Mesa controlan las dos grandes fuerzas independentistas –Junts y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)–. Un recibimiento con todos los honores que lleva meses "preparado".Los posconvergentes recuperarán a su figura más carismática en pleno periodo electoral, con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina. Y en un momento especialmente delicado para la formación política, con unos sondeos que la sitúan en caída libre y con una fuga de electorado hacia la ultraderecha independentista. En el último, realizado por Ipsos para La Vanguardia y publicado este domingo, los herederos de la hegemónica Convergència i Unió aparecen en quinta posición en Cataluña, por detrás de PSC, Aliança Catalana, ERC y Vox. Los 35 escaños con los que cuenta ahora en el Parlament se quedarían en 16, pasando a la práctica irrelevancia.Tras las últimas elecciones catalanas, Junts anunció que dejaba vacante el cargo de jefe de la oposición, que otorga una serie de privilegios. La idea era escenificar una falta de normalidad institucional. Ahora, dos años después, Puigdemont deberá decidir si asume ese rol desde su escaño en el Parlament, regresando a la refriega política diaria y pasando a la ofensiva contra Illa, o si da un paso al lado y se queda en un segundo plano. Y, con esta, la segunda gran incógnita: si será cabeza de cartel de la formación posconvergente de cara a unos nuevos comicios autonómicos que deberían celebrarse, como tarde, en 2028. Unas elecciones que se esperan, junto con las municipales del próximo año, como la gran prueba de fuego para Junts ante el auge de Aliança.Lo que sí está claro, de momento, es que nada más regresar pretende tomar el pulso a la calle. Al fin y al cabo, han pasado ya nueve años desde que abandonó el país rumbo a Bélgica. Lo dijo en una reciente entrevista en The Sunday Times. "Lo primero que me he propuesto, si puedo volver, es sumergirme en la Catalunya de hoy. Esta es mi primera intención: respirarla, tocarla, escucharla... y verlo todo con mis propios ojos", aseveró el líder independentista.