Sánchez convierte la batalla contra las élites en el eje para disputar el voto a su izquierda

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Una mayoría amplia para “doblegar a las élites”. Es lo que pidió el lunes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la comparecencia en la que anunció las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Este martes, apenas 24 horas después, aseguró desde La Moncloa que su Gobierno “ni tira la toalla ni deja tirada a la gente”. Dos frases pronunciadas en dos comparecencias distintas pero que buscan formar parte de un mismo relato con el que el presidente empieza a dibujar la campaña electoral con la que aspira a la reelección.La primera identifica al adversario, mientras que la segunda pretende señalar al beneficiario de la acción gubernamental. En la declaración institucional con la que anunció el adelanto electoral, Sánchez construyó de forma especialmente explícita una división entre una mayoría social y distintos poderes económicos y políticos. Aseguró que su Ejecutivo había tenido que “batirse contra élites económicas y sociales muy poderosas que no se presentan a las elecciones pero que quieren seguir controlando nuestro país”, acusó a los gobiernos autonómicos de la derecha de perjudicar a “la gente de a pie” y contrapuso las políticas de su Gobierno a los intereses de “tecnoligarcas” y “especuladores”.El discurso estaba perfectamente medido. “Sé que en parte de esa mayoría social hoy hay insatisfacción”, afirmó antes de reconocer errores y enumerar problemas pendientes en desigualdad, servicios públicos y vivienda. El marco elegido buscaba colocar a un lado a la “gente”, la “mayoría social” y quienes dependen de los servicios públicos, y al otro a las élites económicas, los especuladores, los grandes poderes tecnológicos y una “minoría privilegiada”. Esto, según explican fuentes del Ejecutivo, es el terreno en el que se quiere mover Sánchez. El socialista ya no trata de agitar el miedo a la ultraderecha, sino advertir de las consecuencias que tendría para el país un gobierno de PP y Vox.En Moncloa reconocen que ese tipo de lenguaje no es casual, como casi nada de lo que dice el presidente del Gobierno. “El PSOE puede conquistar más hacia la izquierda que hacia el centro”, señalan fuentes del Gobierno. La frase resume la dirección en la que los socialistas creen que tienen más margen para crecer: entre votantes progresistas desencantados, abstencionistas y electores que en otras ocasiones han optado por formaciones situadas a su izquierda. Y creen que con las movilizaciones por la vivienda, ese electorado se ha activado y que su principal reto es mantenerlo así durante los próximos 54 días.La comparecencia de Sánchez de este martes evidencia todavía más la estrategia. Después del Consejo de Ministros, el presidente volvió a presentar los decretos de vivienda que el Congreso rechazó el pasado viernes y reclamó su convalidación en la Diputación Permanente. Las normas mantienen buena parte de las medidas anteriores e incorporan, entre otras cuestiones, ayudas y financiación para el acceso a la vivienda, medidas sobre alquileres y actuaciones contra determinadas operaciones especulativas.El lenguaje fue menos agresivo que el del anuncio electoral, pero el destinatario era el mismo. “No estamos hablando de una cuestión ideológica, estamos hablando de una cuestión de humanidad, de puro sentido común”, defendió. Y agregó: “Este Gobierno ni tira la toalla ni deja tirada a la gente”. También prometió que no habrá otro desahucio como el de Maricarmen, que ha situado la vivienda en el centro del último choque parlamentario, y vinculó expresamente las medidas a la posibilidad de obtener “una mayoría más amplia” después de las elecciones. Es decir, una mayoría sin Junts, partido al que ha dado luz verde para criticar públicamente por parte de los ministros y dirigentes del PSOE.El adversario del primer día eran las élites, los especuladores y quienes, según su relato, bloquean avances sociales. El destinatario del segundo volvió a ser “la gente”. Y la vivienda ofrece al PSOE un terreno especialmente útil para esa construcción: permite contraponer las dificultades de inquilinos y jóvenes a conceptos como especulación, fondos de inversión o grandes tenedores y, al mismo tiempo, exhibir medidas concretas de gobierno. Sin embargo, una de las críticas que se pueden formular a Sánchez es que ha tenido ocho años para cambiar esta situación y no ha sido hasta ahora cuando ha dado el golpe en la mesa.La utilización de determinados conceptos no es nueva. El salto resultó especialmente visible en la visita de Sánchez a Davos en enero de 2025. Ante el Foro Económico Mundial, el presidente español denunció la concentración de poder político y económico de los grandes propietarios de las redes sociales y formuló una frase que resume el discurso electoral de esta semana: “Lo que realmente limita la democracia es el poder de las élites”. Lo definió como el poder de quienes creen que su riqueza los sitúa por encima de las leyes y cargó contra los “multimillonarios de la tecnología”.A partir de ahí, el término “tecnoligarcas” se fue haciendo habitual. Dos meses después, acusó a Vox en el Congreso de poner “la alfombra roja” a unos “tecnoligarcas” que, según Sánchez, amenazaban la democracia mediante las redes sociales. En julio de ese mismo año volvió a oponer los intereses de una “élite empresarial” al “interés de la mayoría social”.Y el vocabulario se ha mantenido este año. En junio, ante el pleno del Congreso, Sánchez agrupó bajo un mismo marco a “las élites de este país”, dirigentes extranjeros y “tecnoligarcas”. En septiembre, ante Naciones Unidas, sostuvo que “un pequeño grupo de tecnoligarcas concentra poder y riqueza”, y apenas días después, en Harvard, contrapuso directamente los intereses de “la gente” a los de “un puñado de tecnoligarcas”.Uno de los principales inconvenientes de esta estrategia es que el PSOE no está solo en ese terreno. Las fuerzas situadas a su izquierda preparan contra reloj su oferta electoral para el 29 de noviembre. Sumar y sus aliados trabajan en el denominado Frente Amplio, mientras Podemos ha planteado unas primarias abiertas para intentar articular la candidatura de ese espacio. En el PSOE son conscientes de que necesitan que su izquierda esté “por encima” del 10% del voto y que, como cabeza de cartel, deberá tener un nombre “potente”, pero también creen que hay posibilidades de que Sánchez gane las elecciones aunque no pueda gobernar. Lo contrario de lo que sucedió el 23J.Esas formaciones pueden utilizar precisamente los mismos asuntos —vivienda, desigualdad o intervención del mercado— para sostener que han sido ellas quienes han presionado al PSOE para desplazarse hacia posiciones más ambiciosas. Por eso, la discusión de las próximas semanas no será únicamente sobre qué políticas propone cada partido, sino sobre quién resulta creíble al presentarse como representante de esa “gente de a pie” a la que Sánchez invoca.El PSOE afronta, además, una contradicción evidente en términos políticos: después de ocho años con Sánchez al frente del Gobierno, tiene que reivindicar la gestión realizada y, simultáneamente, pedir una mayoría mayor para vencer resistencias que asegura no haber podido superar durante ese tiempo. El discurso del lunes trata de resolver esa tensión atribuyendo parte de los límites de la legislatura al bloqueo parlamentario y a poderes económicos externos al sistema electoral. No es “dadnos otra oportunidad porque no lo hemos conseguido”, sino “dadnos más fuerza para hacer lo que la correlación existente nos ha impedido hacer”.El desplazamiento no implica necesariamente que el PSOE renuncie al electorado “de centro” ni que toda la campaña vaya a organizarse alrededor de un discurso de confrontación de modelos. Sánchez utilizó este martes, de hecho, el “sentido común” y la “humanidad”, conceptos mucho más transversales, para defender la intervención pública en vivienda. Y ya antes del adelanto electoral había pedido a los partidos aparcar “la ideología” para aprobar esas mismas medidas.