Acaso en algunas de nuestras ensoñaciones nos encantaría gozar de una vida plagada de aventuras, de una existencia similar a la de un soldado de fortuna que monta sobre la chepa de un dromedario mientras recorre el desierto porque huye de sí mismo y de ese viejo amor que le rompió el corazón. Y qué bueno ejercer de filibustero que surca los mares saltando de botín en botín, reposando de las heridas mal cicatrizadas en límpidas playas mientras las nativas te asan un cordero, o mejor una vaca, como dijo la madre de un sindicalista cuando el chanchullo de los ERE . La teoría supone una actividad gratuita que anima nuestra imaginación, desde luego. Pero, llegado el momento de la... Ver Más