(ZENIT Noticias / Roma, 17.08.2026).- Hay quienes llegan a Roma con una mochila, quienes lo hacen con un rosario entre las manos y quienes ponen en la maleta una partitura. Todos son peregrinos. En la Ciudad Eterna, el verano de 2026 está mostrando que peregrinar puede significar también ofrecer aquello que cada persona sabe hacer para ponerlo al servicio de los demás.La música se ha convertido en una de las expresiones de esta nueva manera de peregrinar. Durante el verano, distintos grupos corales han llegado a Roma no solamente para conocer sus basílicas y lugares santos, sino para cantar en ellos y participar en la vida litúrgica de la Iglesia.Uno de los ejemplos fue el Rome International Choral Festival, celebrado en junio, que reunió a cantantes y coros procedentes de distintos lugares. El programa incluyó la participación en una celebración eucarística en una de las cuatro basílicas mayores de Roma y un concierto final en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri.La experiencia permite mirar de otra manera las grandes iglesias romanas. San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros no son solamente monumentos que millones de turistas fotografían cada año. Para los peregrinos, siguen siendo lugares de oración, celebración y encuentro con la historia viva del cristianismo.Cuando cantar también es peregrinarLa presencia de coros entre los peregrinos que llegan a Roma tampoco es algo meramente cultural. En junio, el Osservatore Romano registró entre los grupos presentes en una audiencia general del Papa León XIV al Church of the Assumption Choir, procedente de Estados Unidos. La lista incluía además peregrinos de Italia, Inglaterra, Camerún, Taiwán, Filipinas, Puerto Rico y diferentes diócesis estadounidenses.La escena resume una realidad característica de Roma: personas procedentes de países y culturas diferentes llegan a la misma ciudad para encontrarse alrededor de una fe común.Para algunos, la peregrinación consiste en atravesar una Puerta Santa; para otros, en participar en una Misa, recibir la bendición del Papa o rezar ante la tumba de un apóstol. Para un cantante, puede consistir además en utilizar su propia voz como servicio.No se trata simplemente de ofrecer un concierto. La música sacra puede convertirse en una forma de oración y, cuando se integra en la liturgia, en un servicio a toda la comunidad.De los coros al encuentro con el PapaEl verano romano ofreció además una imagen especialmente significativa de esta relación entre música, peregrinación y fe.El 29 de julio, el Papa León XIV recibió en el Borgo Laudato Si’, en Castel Gandolfo, a más de 160 niños y jóvenes que participaron en el proyecto Canticle of Peace, impulsado por la Andrea Bocelli Foundation. Los jóvenes procedían de lugares afectados por situaciones de vulnerabilidad y conflicto, entre ellos Tierra Santa, Uganda e Italia.Junto con Andrea Bocelli, participaron en una experiencia que convirtió la música en un lenguaje para hablar de paz, fraternidad y reconciliación. El encuentro fue además la culminación de diez días de convivencia y formación musical.La imagen es poderosa: niños y jóvenes de realidades muy diferentes que llegan a Roma y encuentran en el canto un punto de encuentro. No todos peregrinan de la misma manera, pero todos pueden ofrecer algo.Una ciudad que sigue convocandoRoma continúa siendo un destino privilegiado para quienes buscan encontrarse con las raíces de su fe. Las peregrinaciones de este verano muestran, además, que el fenómeno no se limita a los grandes grupos organizados.Hay peregrinaciones diocesanas, grupos parroquiales, jóvenes, sacerdotes, religiosos, familias y también comunidades que encuentran en una actividad específica —como la música— una manera de vivir su viaje como experiencia espiritual.La propia presencia de numerosos grupos internacionales en las audiencias del Papa da cuenta de esta diversidad. Roma recibe peregrinos de distintos continentes y los reúne en torno a la figura del sucesor de Pedro.En una época en la que viajar se ha convertido muchas veces en una experiencia de consumo turístico, la peregrinación propone otra lógica: no se trata solamente de llegar a un lugar, sino de dejar que ese lugar transforme a quien llega.Quizá por eso algunos peregrinos llegan a Roma buscando silencio, otros buscando respuestas y otros buscando simplemente cantar.Y es que, en la Ciudad Eterna, hasta una voz puede convertirse en camino.Porque peregrinar no siempre significa caminar kilómetros. A veces significa poner al servicio de Dios y de los demás aquello que llevamos dentro. Para algunos peregrinos, ese camino tiene forma de oración; para otros, de servicio. Y para quienes llegan con una partitura en las manos, puede tener forma de canto.Gracias por leer nuestros contenidos. 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