El mayor 'centro de datos biológico' del mundo promete el fin de la experimentación con animales

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Una de las grandes promesas de la inteligencia artificial consiste en facilitar modelos que permitan avanzar a mayor ritmo en el ámbito de la ciencia y la medicina, con ejemplos que llegan en el campo de la genética como Evo 2. La investigación constituye el primer paso antes de dar con un fármaco viable en humanos, pero el camino hasta la fase final resulta largo, costoso y con un punto amargo en el uso de ensayos con animales que en la mayoría de los casos no se traducen en éxito.Es por ello que la industria trata de servirse de las nuevas herramientas que ofrece la tecnología. Ahí la empresa emergente Vivodyne ha desarrollado el que está considerado como el mayor centro de datos biológico del mundo. Un complejo automatizado diseñado para cultivar tejidos humanos a gran escala y realizar experimentos guiados por IA que podrían dejar obsoleta la experimentación con animales. La agilidad de las pruebas y el cruce de resultados puede marcar un antes y un después en los ensayos farmacéuticos además de ser la antesala al cese de ensayos con animales.Chips biológicos para desarrollar tejido humano Vivodyne prepara sus pequeños labotarios 'colmena' para llevar a cabo sus ensayosEn sus instalaciones, Vivodyne alberga una serie de laboratorios de dimensiones reducidas donde varios sistemas robóticos se encarga del cultivo y desarrollo de tejido humano procedente de muestras de sangre. En estas estructuras vivas, capaces de replicar la estructura biológica de un órgano determinado, la compañía ejecuta experimentos diseñados mediante inteligencia artificial para evaluar la eficacia y seguridad de nuevos fármacos.Este método de ensayo supone un salto temporal vital para la industria farmacéutica. Actualmente y según datos recogidos por Fast Company, el 90% de los ensayos clínicos que se desarrollan en humanos fracasan en su objetivo pese a haber mostrado eficacia en las pruebas preliminares con animales. Las diferencias biológicas entre especies están detrás de dicho fiasco, pero el modelo de investigación y prueba de Vivodyne ofrece una solución para paliar esas cifras y otorgar un camino más ágil y con el que elevar la tasa de éxito.Vivodyne tiene su sede en San Francisco y allí ha desarrollado los chips biológicos que sirven como germen para el desarrollo de tejido humano vivo para sus pruebas. Gracias a su sistema, las células se autoorganizan en estructuras vivas con vasos sanguíneos y células inmunitarias que dan lugar a lo que sería una muestra obtenida en una biopsia para analizar un órgano. La automatización de procesos resulta clave, pues gracias a las herramientas de IA con las que cuenta, la posibilidad de diseñar experimentos y tener en cuenta resultados para configurar nuevos marcos de revisión es continua.Más de tres millones de ensayos al año y un flujo de trabajo más rápido Vivodyne aspira a apartar los ensayos farmacéuticos con animalesLa plataforma tiene capacidad para ejecutar experimentos controlados sobre más de 3,1 millones de tejidos humanos al año, lo que duplica la escala de todos los ensayos clínicos de Estados Unidos combinados. Esa capacidad le permite probar miles de compuestos terapéuticos de forma simultánea, analizando efectos secundarios y eficacia en tiempo real mediante algoritmos de inteligencia artificial.Con ello, Vivodyne acelera de manera fundamental los procesos, de tal modo que frente a los 18 meses que se tarda en obtener ratones modificados genéticamente para llevar a continuación ensayos clínicos con ellos, Vivodyne puede completar 25 ciclos de ensayos en el mismo periodo. "Podemos administrar decenas de miles de compuestos terapéuticos para comprender su efecto en un tipo de tejido específico dentro de una persona, y podemos repetir este proceso en muchos tipos de tejido", señala Andrei Georgescu, director ejecutivo de la compañía.La docena de laboratorios robotizados con los que cuenta Vivodyne, bautizados por la propia compañía como 'colmenas', otorgan una capacidad operativa que diferencia a la startup de otros actores dedicados al ensayo con tejidos humanos. La biología afronta una etapa de transformación en la que la inteligencia artificial se erige como un aliado capital para acelerar el desarrollo de fármacos, descartar compuestos ineficaces y reorientar las pruebas de forma inmediata a partir de cada fallo. Todo ello con el objetivo de hallar la fórmula terapéutica óptima sin recurrir al ensayo con animales y sin dilatar unos plazos cuya demora cuesta vidas.