Mientras una España quiere guardar sus últimos secretos para que el turismo no lo cope todo, otra grita a los cuatro vientos sus desconocidas bondades para que más personas reparen en ella. Los pueblos de Arcos de las Salinas (Teruel) y Villalibado (Villadiego, Burgos) han logrado aparecer ante los ojos del mundo gracias a una enorme y única casualidad astrofísica que llevó a investigadores de las agencias espaciales europea (ESA) y estadounidense (NASA), respectivamente, a retransmitir desde sus términos municipales el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026. Hubo sorpresa por tal atención en estos y tantos pueblos de la España interior tocada por la deseada “totalidad”. Hubo también temor, más o menos explícito, a que se desbordara la situación, a que estos municipios limitados no pudieran con la presión paralela de las multitudes del eclipse, la propia de las fiestas de agosto y la del altísimo riesgo de incendios. Pero salió bien. Todos los alcaldes, concejales y técnicos de turismo consultados por infoLibre al día siguiente del fenómeno hablan con emoción y cierto alivio: superaron la prueba con nota. “Me he dado una vuelta quitando cuatro señales y todo estaba perfecto”, comenta José Luis Alvir, alcalde de Arcos. “He subido y, donde hubo casi 3.000 personas, no he encontrado ni una botella rota ni un plástico, es gente muy respetuosa, un turismo de calidad, no como los macroconciertos, que solo te dejan la basura y se van”, valora Óscar Alonso, alcalde de Lodoso (Pedrosa de Río Úrbel, Burgos), una pedanía donde hubo más vecinos voluntarios para que todo funcionara el día del eclipse, 60, que residentes en invierno, 41. Son pueblos que ya se aferraban al cielo antes de esta gran carambola: Lodoso cuenta con tres observatorios astronómicos y tiene en proyecto un centro de interpretación provincial donde se puedan impartir cursos de astronomía, se reciban visitas escolares y se generen —que eso es lo que puede amarrar en realidad el futuro de un pueblo— cinco puestos de trabajos fijos para todo el año. Estos alcaldes no temen acabar sofocados por el éxito, como está buena parte de la España más turística, porque, pese a los focos de estos días, son conscientes de que, incluso los mejores posicionados entre ellos, están aún lejos de esa situación. “La mañana del eclipse no paramos, yo nunca había vivido algo así. El pueblo no colapsó, pero porque se gestionó bien”, describe Celia Varona Barbero, técnica de Turismo de Villadiego, Ayuntamiento al que pertenece Villalibado. Cuando se le pregunta si le gustaría que su nueva cotidianeidad fuera así, respira y hace una pausa para responder con diplomacia: “Está bien que lo dividamos un poco mejor, jeje”. Quieren potenciar el turismo, pero del que ya tienen: “respetuoso, enfocado en la naturaleza y la cultura, familiar”. Ha impresionado ver llegar visitantes de otros países y continentes a pueblitos que muchos en España no sabrían situar, pero no todo es fruto del azar cósmico. En Arcos de las Salinas tienen su Observatorio Astrofísico de Javalambre y el proyecto Galáctica, con 30.000 visitantes anuales. Han firmado un convenio con universidades chinas y japonesas para recibir estudiantes e investigadores. Quieren levantar una residencia donde puedan hacer sus tesis de astronomía. “Acabamos de empezar, en los pueblos es difícil que la gente viva, pero también estamos haciendo vivienda. El mayor problema que veo es que nadie quiere trabajar en la hostelería porque es muy dura”, indica su alcalde, consciente de que les hacen falta más restaurantes y hospedajes para acoger, atraer y retener al turista contemporáneo.Otros municipios sí caminan ya con pies de plomo cuando se trata de “posicionarse” y recibir gran afluencia de visitantes de golpe. Cuéllar, en Segovia, con el privilegio de ser ya un destino consolidado, tomó la decisión de declinar ser punto oficial de observación. “Lo hicimos en aras de la sostenibilidad turística, para salvaguardar el medio natural donde se podía ver el eclipse y para que los vecinos lo pudieran disfrutar sin atascos”, explica a infoLibre el alcalde, Carlos Fraile. Y añade: “Hemos estado al completo y hemos tratado bien a la gente que podíamos asumir, no a un turismo masivo que el único retorno que deja es estacionar en el pueblo”. Aunque del eclipse se ha hablado día y noche durante meses, lo cierto es que en muchos de estos pueblos los visitantes no han pasado más de un día o día y medio. “Hemos tenido que decir que no a personas que vienen toda esta semana de fiestas porque ya habían reservado los del eclipse para martes y miércoles, algunos dos noches y otros una, así que nos ha quedado algún vacío ahora y ha sido un dolor de cabeza cuadrarlo. Si esto es en enero, cuando cuesta más llenar, maravilloso”, cuenta Teresa Ruiz encargada de un hotel rural en Cervera de Pisuerga (Palencia) junto a su marido Santos César González. El protagonismo se lo han llevado los pueblos, pero capitales de provincia pequeñas como Zamora, donde la totalidad ocurrió pero fue fugaz, se han beneficiado también del movimiento de personas asociado al eclipse. Con el cartel de lleno estos días, la ciudad aspira a situarse como destino en los meses estivales en que el visitante busca playa o el respiro de la montaña con propuestas “originales y de calidad”, señala el concejal de Promoción Económica, David Gago. Los aficionados de la provincia han intentado sembrar la semilla de la astronomía en el gran público, pero son conscientes de que un eclipse es mucho más democrático que lo más común, que es la observación nocturna. “En esto no ha habido que gastar dinero, solo estar en el sitio adecuado a la hora prevista con unas gafas regaladas por las instituciones. Pero la observación nocturna requiere equipamiento especializado, que es caro”, recuerda Saúl Miguel Garrido, miembro de la Agrupación Zamorana de Astronomía, entidad que trabaja por inculcar, primero a los propios residentes, la apreciación por la suerte de vivir bajo “algunos de los cielos más privilegiados hoy en día”. Algo que, en palabras del alcalde de Arcos, nadie les puede quitar.