Las últimas señales satelitales confirman lo que muchos analistas venían sospechando: Rusia está expandiendo a marchas forzadas su infraestructura para el lanzamiento de drones de ataque de largo alcance. El rastreo mediante fuentes abiertas ya identifica al menos una decena de bases activas con decenas de plataformas de lanzamiento; hay un detalle técnico que destaca sobre el resto: la construcción de plataformas de lanzamiento más grandes de lo habitual. Un ejemplo claro es la instalación de Tsymbulova, en la región de Oriol. Lo que hace poco era una posición más, sin demasiada relevancia, hoy cuenta con múltiples plataformas de lanzamiento y naves logísticas capaces de alojar cientos de unidades. Al repartir esos puntos entre bases militares cerca de Ucrania y Bielorrusia, Moscú busca solo una cosa: multiplicar su capacidad para lanzar sus drones de ataque de forma simultánea desde varias posiciones.¿Por qué construir raíles más largos? Todo apunta a la entrada en escena de los nuevos Geran-4 y Geran-5. Estas variantes dejan atrás el concepto del Shahed-136 a hélice para dar el salto a motores a reacción. Son drones mucho más rápidos, capaces de volar más alto y con mejores opciones de hacer frente a las defensas como cañones antiaéreos o sistemas de corto alcance. Es cierto que pierden alcance; se estima que rondan los 1.000 kilómetros, pero dentro del escenario de operaciones ucraniano esta distancia basta y sobra. A cambio, cargan ojivas mucho más pesadas. En términos prácticos, esto permite a las fuerzas rusas destruir infraestructuras protegidas sin tener que usar misiles de crucero o balísticos, que son mucho más caros y difíciles de reponer.Fabricación a gran escala para sostener una ofensiva en el tiempo Russia has built 10 bases with newly built launch pads for its most advanced long-range drones, the Telegraph reported. Its investigation revealed that some of them are already used to target Ukraine. At the same time, they also offer a long-term threat to NATO allies - European… pic.twitter.com/uCxey9COp7— Anton Gerashchenko (@Gerashchenko_en) August 17, 2026 Este despliegue no se entiende sin el músculo industrial que hay detrás. Complejos como el de Alabuga han disparado su ritmo de montaje, con proyecciones que apuntan a decenas de miles de drones anuales. Como resultado, la doctrina rusa ha cambiado: de los ataques esporádicos de sondeo se ha pasado a grandes enjambres pensados para desbordar los radares por saturación. Esto fuerza a Ucrania a usar más misiles antiaéreos, que son muy caros y escasos, para derribar drones de bajo coste.El verdadero problema de fondo es que esta red también redefine el mapa estratégico de la región. Al situarse cerca de la frontera occidental rusa, deja a todos los países bálticos y al este de Polonia dentro del radio de alcance teórico de estos drones. No significa que un ataque contra un país de la OTAN vaya a ocurrir, pero sí otorga a Rusia una herramienta de presión en la llamada zona gris de la guerra híbrida. En un eventual escenario de escalada abierta, estos drones no reemplazarían a los misiles hipersónicos o balísticos; funcionarían como la primera oleada de desgaste, pensada para saturar y dejar "ciegas" las defensas del flanco oriental de la OTAN.