No hacía falta ningún exploit sofisticado ni malware complejo. Alcanzaba con un correo que parecía venir de la propia biblioteca de la universidad, avisando que un libro estaba por vencer. Ese mensaje, repetido con pequeñas variaciones durante años, le permitió a un grupo de hackers acceder a más de 8.000 cuentas de correo de profesores en 322 universidades de todo el mundo