Amancio Ortega ha construido su imperio inversor con una regla inusual: comprar mucho y vender poco. Durante más de dos décadas, Pontegadea, el vehículo con el que canaliza los dividendos de Inditex, ha acumulado edificios, infraestructuras y participaciones con vocación de permanencia. Pero en los últimos meses esa fotografía ha empezado a cambiar. Seguir leyendo....