A tono con el título ('Mister Ángel del Río') del libro de Enrique Andrés Ruiz que inspira estas líneas, cometo dos anglicismos. 'Mister' lo utiliza el autor porque su paisano, y primo de su madre, el gran filólogo e historiador de la literatura Ángel del Río (Soria, 1901–Nueva York, 1962), pasó media vida en Manhattan. En cuanto a la 'quest', no existe equivalente español. 'Búsqueda' no es suficiente. ¿Búsqueda obsesiva? El modelo es 'The Quest for Corvo', de A.J.A. Symons. Contar todo lo que hemos podido averiguar de una vida, y por qué nos obsesiona intentar reconstruirla, rememorando las etapas de nuestra investigación, los documentos que nos fueron útiles, los paisajes a los que nos condujo. Leída esta 'quest', acudo a mi diccionario de nuestras vanguardias, y palidezco comprobando… lo poco que logré profundizar en el personaje. Conocedor, por avatares de mi rara juventud, de la prehistoria de nuestro izquierdismo, me mortifica especialmente comprobar que no detecté la pertenencia del filólogo, en sus inicios, a ese mundo, ni su estrecha amistad con Juan Andrade, al cual no llegué a conocer, pero sí a otros históricos del POUM, como Pere Bonet o Wilebaldo Solano. Y sí, en 1973, cuando la visité, la sede parisiense, junto a Bastille, del partido de Andreu Nin era oscura, y lugar de reuniones melancólicas. Tirando del hilo Del Río, el narrador consigue un fresco vivísimo de la Soria y la España de la preguerra . Soria: «la poesía de los rótulos comerciales, los portales sin inquilinos, sus puertas, de madera del color de la intemperie». Van enredándose los nombres como cerezas: León del Río Fernández de Bobadilla (el padre, político y hombre de prensa, director de 'El Conservador', gobernador civil en tres provincias sucesivas), Antonio Machado y Gerardo Diego ambos en su faceta de catedráticos del Instituto, Mariano Granados, Bernabé Herrero, Gervasio Manrique, Blas Taracena, José Tudela… En el Madrid circa 1920 uno de sus mejores amigos va a ser el citado Andrade. Amigo de por vida. Bonita la escena de quien fuera uno de los fundadores del PCE, paseando por los desmontes de Chamartín, con su futura mujer, María Teresa García Banús. Salen además Borodín, enviado del Kremlin; John Dos Passos; el hispanista comunista holandés G.J. Geers; y el primer secretario general del partido, Ramón Merino Gracia, que, tras pasarse a los Sindicatos Libres, acabaría franquista y vertical. Extraordinarias las páginas sobre los años de Del Río en México, fichado por el gran Pedro Henríquez Ureña. También yo he leído a los Jeifets, su diccionario de agentes de la Komintern en Latinoamérica: una mina. 'Novela de los nombres' se subtitula esta. En aquel México, «nadie tenía un solo nombre, una sola máscara». Del Río sigue en esas aguas. Borodín (de nuevo) es Mijail Gruzenberg. Charles Phillips, que en España había sido 'Ramírez', moriría 'Charles Shipman', asesor en Wall Street. José Allen, secretario general del PCM, se tornaría informante de los yanquis. No podía faltar el comunista indio Manabentra Nath Roy, cuyo libro sobre China, donde sería más tarde actor decisivo, traduciría aquí Cenit. Salen Diego Rivera, Rafael Sala, Weston y Tina Modotti, el comunista norteamericano Bertram D. Wolfe, el Café de Nadie… La historia del PCM la ha novelado Paco Ignacio Taibo II. Si te interesan las vanguardias latinoamericanas, sé por experiencia que para enterarte de su génesis te servirán esa historia del comunismo mexicano, otra del PCB y otra del trotskismo brasileño, las memorias de un comunista cuzqueño, biografías de Haya de la Torre o Getúlio Vargas, tochos sobre sandinismo, aprismo, peronismo… Encantamiento absoluto, Caribe luminoso, mansiones con columnas, porche con hamacas, relajo tras el México estridentista: Puerto Rico, a la que el soriano arriba gracias a Federico de Onís, otro grande del hispanismo, y donde se casa con su colega Amelia Agostini. Todavía lo visita James Sager, enviado de Wolfe, que le reclama, sin éxito, seguir contribuyendo a la causa. El gran salto se produce en 1927, con su llegada a Nueva York, que sería su 'stazione termini'. Columbia: el Instituto de las Españas, y pronto la 'Revista Hispánica Moderna' (con Guerrero Ruiz desde Alicante). En las páginas sobre la estancia allá de Lorca, conocido suyo de Madrid, salen Onís, el puertorriqueño Ángel Flores, León Felipe y Gabriel García Maroto, con el que el granadino volvería a coincidir casi enseguida en La Habana. Más nombres: los mexicanos Antonieta Rivas Mercado y Emilio Amero, pintor y fotógrafo (recordar su modernísima instantánea del granadino manejando un libro francés sobre arte soviético, y la película con aquél 'Viaje a la luna', finalmente no realizada); Hart Crane, cantor de 'The Bridge' (con fotos de Walker Evans); La Argentina; La Argentinita; Sánchez Mejías… En ese contexto nace 'Poeta en Nueva York'. Contrapunto a tantas estrellas: Bernabé Herrero, 'great minor poet', amigo de Larrea. Responsable, durante su etapa seguntina, de la 'Lola' de Gerardo Diego. En 1936, horrorizado por los desmanes de los milicianos jiennenses, acaba marchando a Francia. Dax será su propia 'stazione termini', objeto aquí de páginas cargadas de emoción, por ejemplo las alusivas a los paquetes enviados por los Del Río, y que hacen felices a los Herrero. No muy lejos, San Juan de Luz, Elvira Viñes, su academia de baile: si hay otra vida novelable, es la de su hermano, Ricardo Viñes, el pianista de Debussy, Ravel, Satie… En 1939, Columbia se puebla de exiliados: Fernando de los Ríos, los Centeno, los Salinas, los Guillén… Todos coinciden en Vermont, en el Middlebury College, cuyos cursos hispánicos de verano, creados en los veinte (en que fueron invitados, entre otros, Concha Espina y Ramiro de Maeztu), dirige el soriano entre 1949 y 1954, año en que tomaría el relevo su mejor amigo, Francisco García Lorca. A ese espacio de diálogo, en el que es pieza importante el cubano Eugenio Florit, acuden desde la península Blecua, Bousoño, Carmen Bravo-Villasante, Diego Catalán, Gullón, Lapesa, Gonzalo Menéndez Pidal... En Nueva York, Del Río frecuenta además al legendario Gustavo Durán; al pintor Luis Quintanilla, exjefe del espionaje republicano en la Francia de la Guerra Civil; a Ayala; a los expoumistas Maurín, Gorkín y Granell... La mayoría colaboradores, como Del Río o Wolfe, vuelto anticomunista, o Sender, de los Congresos por la Libertad de la Cultura y sus 'Cuadernos', todo pagado por la CIA . Esta 'quest', apasionante paseo por el 'siglo de siglas', que les habría gustado a Larbaud ('vos fiches') y a Octavio Paz (tan amante de las listas), terminé de leerla precisamente en la paz de Middlebury, donde sigue vivísimo el recuerdo de 'Mister' del Río…