La treintañera Guyi tenía trabajo estable, un marido atento y una vida razonablemente plena, pero en el último año había volcado su tiempo y atenciones en un amante. Compartían confidencias y recetas de cocktails, se relajaban con música y hablaban de literatura latinoamericana. "Porque me comentaste tiempo atrás que te gustaban esas historias laberínticas", respondió cuando Guyi le inquirió cómo sabía que leía a Borges. Ahí es nada: un hombre disponible las 24 horas, sin cambios de humor y que recuerda una frase soltada meses atrás. Pero un día el amante solo atendió a su saludo con un signo de exclamación rojo y los posteriores intentos llevaron al mismo resultado. El final abrupto y sin despedidas del romance deslizó a la joven hacia una desazón insondable.Seguir leyendo....