Estamos en1980. Jean Pierre Jabouille y René Arnoux, con sus Renault RE20 y motores V6 Turbo (más potentes que los V8 Cosworth y menos que los Flat 12 Ferrari), ya no juegan a comparsas en el mundial de F1. Esa temporada van a ganar tres grandes premios (Arnoux en Brasil y Sudáfrica, y Jabouille en Austria), y los otros equipos empiezan a ver que los turbos del rombo pueden cambiar el panorama de la Fórmula 1. Esta apuesta, esa alegría creativa que trasmite a Renault la competición, se refleja en sus modelos de serie. En el Salón de Ginebra de 1980, Renault presenta el Fuego, un coupé que viene a suceder a los 15 y 17 que, nacidos en los setenta, han tenido una buena carrera comercial con trescientas mil unidades vendidas. Pero ahora, en los ochenta, se viven otros tiempos nada fáciles para los coupés industriales. Una nueva generación de compactos, los «GTI», más prácticos y al tiempo con igual o superior carácter deportivo, ha ocupado su lugar en el corazón de los aficionados. El Fuego coupé tiene como punto de partida la berlina R 18, pero con el tren delantero del R 20 diésel. Gracias a la caída negativa de este, desaparece la pesadez crónica de la dirección del 18, se ha mejorado la precisión de guiado de la dirección y el balanceo de carrocería es menos acusado. Eso sí, detrás, poca evolución: se conservaba el eje rígido. Sin duda una solución bastante desfasada frente a rivales como los Volkswagen Scirocco o los Lancia Beta Coupé y HPE, estos últimos con ejes traseros muy sofisticados que permitían regular caída y avance. Y el Fuego conserva los frenos traseros de tambor del 18, frente a los cuatro discos de sus rivales… Eso sí, Michel Jardin, bajo la dirección y supervisión de Robert Opron, jefe de diseño de Renault en esa época, ha sabido crear un coupé aerodinámico (0,34) atractivo a la vista y al tiempo funcional, confortable y con un buen nivel de comportamiento (sobre todo con las llantas de aluminio opcionales calzadas con neumáticos Pirelli P6 serie 65) que trasmite seguridad. No es un deportivo puro, pero si cumple perfectamente con el concepto real de «gran turismo», concepto que no tiene nada que ver con las letras «GT» aplicadas a muchas versiones de automóviles de forma indiscriminada. Tras un bien arranque de las ventas, la carrera comercial del Fuego pronto empieza a declinar. Los responsables del proyecto están preocupados. Incluso, incorporan interesantes soluciones mecánicas como, en 1982, un motor turbo diésel, primicia mundial en un coupé. El mercado americano puede ser también un marco para incrementar las ventas. Se decide comercializar el Fuego al otro lado del Atlántico a partir de la primavera de 1982, a través de la red de concesionarios de American Motors Corporation (AMC). Pero, ¿y si, además del coupé, vendemos una variante descapotable? Al otro lado del Atlántico, gustará un descapotable de cuatro plazas, con un toque «chic», piensan los responsables del rombo. Dan luz verde al proyecto y encargan al carrocero Heuliez un prototipo convertible sobre la base del Fuego. Heuliez es una reconocida empresa francesa. En 1920, Adolphe Heuliez fabricó su primer carruaje de caballos en Cerisay, pero sus raíces venían de mucho atrás. Provenía de una familia de carreteros, una actividad que Louis Heuliez inició a principios del siglo XIX y que se había transmitido de padres a hijos. Este oficio, reconocido localmente, llevó a la familia Heuliez a ampliar sus talleres para satisfacer la demanda y, posteriormente, a adoptar gradualmente los llamados métodos de trabajo «modernos» para mantenerse a la vanguardia. Fabricaban y reparaban carros, carretas y otros vehículos para los agricultores, oficio que requería dominar técnicas de carpintería. A finales del Siglo XIX, era un negocio floreciente. En 1922, el hijo de Adolphe, Louis Heuliez, con 35 años, toma las riendas del negocio familiar y transforma la empresa artesanal en una industria y se orienta a nuevos mercados. Desde el principio, sin dejar de lado el oficio de carretero, especializó el negocio familiar en carretelas de dos ruedas, utilizadas para el transporte de personas. Sobre todo, Louis Heuliez decidió basar los métodos de producción de Heuliez en los de la industria para fabricar pequeñas series de vehículos y así reducir los costes de producción. Estos pocos cambios tenían como objetivo ampliar la clientela y, al mismo tiempo, reducir el precio de los productos. Pero Louis Heuliez también quería centrarse en la innovación y decidió mejorar las ruedas de sus vehículos. En aquella época, los carros y los coches de caballos tenían ruedas de madera con llantas de hierro, poco cómodas. Desarrolló un proceso para recubrir las ruedas con caucho, que patentó en 1923, como «Heuliez Elastic Rubber Tyres». Su éxito inmediato permitió que estas ruedas se distribuyeran rápidamente por toda Francia. Pero Louis era consciente que el tiempo de la tracción animal, aún con fuerte presencia en las zonas rurales, estaba llegando a su fin. La I Guerra Mundial, que había empezado con cargas de caballería y había terminado con aviones y carros de combate, había marcado un antes y un después. Ahora, en los locos años veinte, arranca el reinado del automóvil. Y en 1925, Heuliez lanza el primer Peugeot 177B familiar, seguido en 1926, por la furgoneta Ford de reparto. Aprovechando este impulso, en 1932, construyó su primer autocar, con estructura de madera. Louis Heuliez falleció en 1947, pero su hijo Henri tomó las riendas de la empresa, que experimentó un crecimiento continuo a partir de entonces. Su hermano gemelo, Pierre, estaba a cargo del departamento de diseño. Entre 1948 y 1952, el crecimiento de la empresa se caracterizó por la producción de autocares de turismo y grandes vehículos publicitarios. En la década de 1960 se creó la primera fábrica fuera de Cerisay, se inició la producción en serie de carrocerías para Simca y se realizaron otros trabajos de subcontratación. En 1972 se estableció la División de Automóviles y Autobuses. En 1974, Gérard Quéveau sucedió a Henri Heuliez. En 1978, la División de Estudios Automotrices se convirtió en SA Heuliez DEA, y más tarde en France Design Henri Heuliez, que innova y trabaja para numerosas marcas fabricando versiones familiares de modelos de gran serie, ambulancias, vehículos especiales o prototipos como el Renault protagonista de nuestra historia. El equipo de diseño de Heuliez que, entre otras, ya había creado en los años setenta una espectacular versión descapotable del ya revolucionario Citroën SM, tiene ante sí la tarea nada fácil de hacer un descapotable con personalidad, a partir de un coupé, el Fuego, que tiene como elemento distintivo más significativo una gran luneta trasera. Esta, que conforma el portón del coupé del rombo, ha de desaparecer en el proceso. El lugar del techo y portón, ahora es ocupado por una capota de lona con un sistema eléctrico de apertura y cierre. Por supuesto el prototipo adopta ópticas y parachoques de la versión USA del Fuego. Además, Heuliez aprovecha para incorporar un lujoso tapizado en cuero, y en ese mismo color marrón tenemos el volante, también en cuero, el salpicadero y la consola central. A esto se suman moquetas gruesas, y un equipamiento cuidado como los cuatro elevalunas eléctricos o un sistema de climatización muy avanzado para ese momento. La idea es crear un ambiente interior diferente al Fuego Coupé europeo, que se adapte al gusto del mercado americano donde el confort está por encima del estilo deportivo. Para impulsarlo, se opta por el motor de 1.565 cc con turbo. La única diferencia con la versión europea de este cuatro cilindros es una inyección y un catalizador que penalizan bastante su rendimiento, dejando la potencia en 100 CV. En realidad, tanto por mecánica como por suspensiones, era más un modelo de paseo que un deportivo. El coche es presentado en los Estados Unidos en 1982, pero no parece producir mucho impacto. Renault corta el proyecto… Aun así, Heuliez lo presenta en su estand en Salón de París de ese mismo año, en color blanco. Llama la atención y su diseño es alabado por los especialistas. Pero, finalmente, el único Fuego descapotable quedará almacenado durante treinta años en las naves del histórico carrocero. En el arranque del Siglo XXI, Heuliez vive momentos complicados y sufre nada menos que tres quiebras. Finalmente, el Tribunal de Comercio ordena la liquidación de la histórica empresa el 30 de septiembre de 2011. Varios modelos que habían dejado huella en la historia francesa del automóvil y que se conservaban en las naves de Heuliez, son subastados en 2013. Entre ellos, el Renault Fuego Cabriolet, con tan solo 5.185 kilómetros en su odómetro. Su estado no es muy bueno, y sus llantas específicas han desaparecido. El nuevo propietario se ve obligado a realizar un importante trabajo de restauración. Puede conservar el cubre capota original, pero ha de montar una capota nueva, repinta el coche en un tono entre beige y verde, y monta unas llantas del 18 GTD. Hoy, su actual propietario, puede presumir del único Renault Fuego descapotable realizado, al menos, a instancias de la marca oficial.