Cada edificio nuevo que se levanta ahí tiene, desde el primer ladrillo, una réplica virtual funcionando en paralelo. Más de 20.000 sensores viales alimentan un cerebro urbano que ajusta los semáforos con inteligencia artificial en tiempo real. Todo eso ya funciona. Lo único que todavía falta en esta ciudad diseñada desde cero es, paradójicamente, la gente