Diez años después de la disolución de Convergència, la mayoría de los actores que formaron parte de aquella operación, orquestada para blindarse de la hecatombe provocada por la confesión del expresident Jordi Pujol, coinciden en señalar que probablemente "no era necesario" acabar con las siglas. La desaparición del partido, fundado en 1974 en la emblemática montaña de Montserrat, fue traumática. Tras décadas de disciplina interna, la formación estalló. El parto de su sucesor, el PDECat, fue complicado y un preludio de lo que vendría a continuación. A día de hoy, la marca ya ni siquiera existe.Seguir leyendo....