En pocos años han pasado de albergar trastos de poco uso a convertirse en una extensión natural de pisos cada vez más pequeños. El mercado de los trasteros despegó en Barcelona hace más de una década de la mano de la crisis inmobiliaria que forzó muchas mudanzas, y ahora vive un nuevo auge espoleado por el precio disparado de la vivienda en la ciudad. Los barceloneses renuncian a metros cuadrados de hogar y ya no se permiten el lujo de una habitación dedicada a almacenar. Alivian esa falta de espacio con la creciente oferta del llamado 'self storage': desde 2020 el Ayuntamiento ha autorizado la apertura de 119 centros (hasta el pasado mayo) distribuidos por todos los distritos. En 2025 se concedieron 28 permisos, casi el triple que cinco años antes.Seguir leyendo....