La URSS encontró la solución perfecta para iluminar el Ártico sin fareros: cientos de baterías nucleares. Su colapso las dejó a merced de chatarreros y fuentes radiactivas perdidas

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Durante décadas, generadores alimentados con estroncio-90 mantuvieron funcionando faros y balizas en algunos de los lugares más inaccesibles del planeta. Eran autónomos, resistentes y podían operar durante años. El problema llegó cuando desapareció el Estado encargado de vigilarlos.