Durante cuatro años, un comerciante de Utah logró algo que la propia Apple no había podido hacer: venderle al público la computadora Lisa, el fracaso comercial más caro de la historia de la compañía. Cuando todavía le quedaban miles por vender, Apple se las reclamó de golpe, sin dar explicaciones, y las mandó directo a un basurero para que nadie las volviera a ver