Cualquiera que conviva con una alergia alimentaria grave sabe que comer fuera de casa no siempre es fácil: es vivir con el miedo constante a que un descuido termine en urgencias. La anafilaxia es traicionera e impredecible. Hasta ahora, la alternativa más común para ganar algo de tranquilidad ha sido la inmunoterapia oral, un proceso largo y a veces agotador que obliga a tomar microdosis diarias durante meses. No obstante, la ciencia médica lleva un tiempo mirando hacia otro rincón del cuerpo para intentar reeducar nuestras defensas desde la raíz: el intestino. Y es que los millones de bacterias que habitan en el sistema digestivo tienen una gran influencia en cómo responde el sistema inmunitario.Con esto en mente, un equipo del Boston Children's Hospital decidió probar una estrategia tan poco convencional como prometedora: cápsulas de microbiota fecal. Dicho sin rodeos, cápsulas con bacterias procesadas y purificadas a partir de heces de donantes sanos. En este primer ensayo clínico participaron quince adultos con una alergia severa al cacahuete, tan sensibles que su cuerpo reaccionaba comiendo menos de la mitad de un fruto seco. Diez de ellos tomaron treinta y seis cápsulas concentradas a lo largo de un par de días, mientras que a los otros cinco se les administró primero una breve tanda de antibióticos para "limpiar el terreno" y facilitar que las nuevas bacterias se asentaran.Resultados rápidos y una protección que multiplica la tolerancia Son muchas las personas que sufren algún tipo de alergía o intolerancia alimentariaEl procedimiento resultó ser completamente seguro y nadie sufrió complicaciones, pero lo verdaderamente interesante llegó al medir su eficacia. Nueve voluntarios no mostraron cambios, pero en los otros seis, el 40 % del grupo, la respuesta fue muy satisfactoria. Los pacientes que respondieron sin haber tomado antibióticos triplicaron la cantidad de cacahuete que podían tolerar. A los que sí recibieron antibióticos les fue todavía mejor: multiplicaron su tolerancia por seis, y uno de ellos llegó a ingerir más de 1.000 miligramos de proteína sin presentar síntomas. Conseguir ese nivel de protección con la terapia habitual suele exigir medio año de tomas diarias ininterrumpidas; aquí se logró con una sola pauta y el efecto protector se mantuvo intacto durante los cuatro meses que duró el estudio.Para averiguar qué estaba ocurriendo exactamente a nivel biológico, los investigadores recurrieron a ratones criados en ambientes completamente estériles. Al trasplantarles las bacterias de los pacientes que habían respondido bien, los animales quedaron protegidos frente a las reacciones alérgicas graves. Al mirar más de cerca, el equipo identificó a las posibles responsables: dos especies bacterianas del género Bacteroides. Estos microorganismos parecen ser los encargados de activar las células inmunitarias reguladoras y evitarían que el cuerpo sobrerreaccione ante un alimento inofensivo. Estos son los mitos sobre alergias alimentarias que ponen en riesgo la saludConviene, por supuesto, no lanzar las campanas al vuelo. Un ensayo con quince personas y sin un grupo placebo es solo el primer paso de un camino largo, y este tratamiento todavía no está listo para la práctica a nivel clínico. Aun así, los resultados publicados en Science Translational Medicine nos invitan a ser optimistas. En lugar de obligar al cuerpo a tolerar un alérgeno a base de exposiciones repetidas, el futuro podría estar en aislar estas bacterias concretas para "reiniciar" el sistema inmunitario desde dentro.