El fósil pertenece a Nakalipithecus nakayamai, uno de los escasísimos grandes simios conocidos de un periodo crítico de la evolución africana. Aunque apenas conservamos parte de su mandíbula y algunos dientes, su edad y anatomía lo han convertido en una pieza fundamental para intentar reconstruir cómo eran nuestros parientes antes de que apareciera el linaje humano.