La dictadura del buen rollo

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Nos hemos vuelto adictos a las buenas noticias. No porque el mundo las produzca en abundancia, sino porque hemos aprendido a exigirlas, a premiarlas con un clic y a castigar con el silencio, o la indiferencia todo aquello que nos incomoda. El resultado es una sociedad que prefiere el titular amable a la verdad completa, y que empieza a confundir el optimismo con la información. Esta preferencia no es inocente. Los algoritmos que deciden qué vemos en nuestras pantallas han aprendido, mejor que nadie, que el contenido positivo genera más interacción sostenida, menos rechazo y una sensación de bienestar que nos mantiene enganchados. Así, poco a poco, hemos ido construyendo un ecosistema informativo hecho a nuestra medida, donde lo difícil,... Ver Más