La depresión de Qattara se encuentra hasta 134 metros por debajo del Mediterráneo, una peculiaridad que durante décadas alimentó un plan descomunal: abrir el desierto, dejar entrar el mar y aprovechar la caída del agua para generar energía. La última evaluación del Gobierno egipcio acaba de concluir que los riesgos y costes son demasiado grandes.