90 años del asesinato de Bóveda y 84 del Día da Galiza Mártir, una fecha aún sin institucionalizar

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Hace hoy 84 años, en 1942, la Irmandade Galega de Buenos Aires instauraba el 17 de agosto como el Día da Galiza Mártir. Ese mismo día, pero de 1936, hace 90, a las 5:15 de la madrugada, Alexandre Bóveda se dirigía así a su hermano: “Quise hacer el bien, trabajé por Pontevedra, por Galicia y por la República, y el equivocado juicio de los hombres —que yo perdono y todos debéis perdonar— me condena”. Pocas horas después sería asesinado por los franquistas, que cuatro días antes habían escenificado su disposición a fusilarlo en lo que presentaron como un juicio por traición. La fecha del asesinato del político y economista galleguista es conmemorada cada año y sirve no solo para recordar la figura del político galleguista, sino la de todas las personas que sufrieron la represión franquista en Galicia.Su asesinato fue de los que los fascistas consideraban ejemplares por no acabar solo con la vida de un hombre y extender el terror desde el primer día del golpe de Estado, sino por hacerlo con un líder intelectual del galleguismo y de las ideas republicanas. Un reconocido economista, primer director de la Caixa de Aforros de Pontevedra, número uno en las oposiciones a jefe de Hacienda en el Estado, miembro de la comisión redactora del Estatuto de Autonomía, motor del Partido Galeguista y candidato de la formación en el Frente Popular en las elecciones de 1936.“Mi patria natural es Galicia. La amo fervorosamente como puede amar un hijo a su madre. Jamás la traicionaría aunque se me concediesen siglos para vivir. La adoro hasta más allá de mi muerte. Si entiende este tribunal que por este amor entrañable debe serme aplicada la pena de muerte, la recibiré como un sacrificio más por mi tierra. Hice cuanto pude por Galicia y haría mucho más si pudiera. Si no puedo seguir trabajando más por ella, me gustaría morir por mi patria. Bajo su bandera deseo ser enterrado”, dijo Bóveda ante el tribunal que lo condenó en un juicio farsa, en unas palabras que se convirtieron en emblema del galleguismo. Las pronunció antes de una sentencia simulada, firmada por los golpistas el 13 de agosto para asesinarlo y que hace menos de dos años fue declarada “ilegal y nula” por el Gobierno de España.Con la instauración de la fecha de su asesinato como el Día da Galiza Mártir se pretendió no solo recordar la figura del político galleguista, sino la de todas las personas que sufrieron la represión franquista en Galicia. Una ola de asesinatos y violencia que, solo en el primer impacto de la sublevación que acabaría con la II República, trajo consigo en el país casi 15.000 personas represaliadas, unas 4.000 de ellas asesinadas. Así lo acredita la base de datos resultado de la investigación del proyecto Nomes e Voces, el más completo al respecto en nuestro país y cuyos responsables, ahora desde el grupo de investigación Histagra de la Universidade de Santiago, siguen siendo claves en el estudio y recuperación de la memoria democrática, desde las pesquisas y exhumaciones hasta la elaboración del censo estatal de víctimas.La fecha, pese a su cada vez mayor significación, sigue sin ser institucionalizada y oficializada por parte de la Xunta, pese a los intentos de, sobre todo, el BNG. Hace solo unas semanas, el pasado mes de junio, el Bloque llevó de nuevo a la Cámara una petición oficial para fijar y reconocer institucionalmente el día, una iniciativa que coincidió con la llegada a Pontevedra del cuadro A derradeira leición do mestre, de Castelao, símbolo de la represión franquista que el político e intelectual rianxeiro realizó en homenaje a su compañero y amigo Bóveda y a todas las víctimas de la represión franquista.El PP rechazó la iniciativa acusando al BNG de usar la fecha “para confrontar” y apostando por “espacios de encuentro y no división”. El PSdeG, por su parte, criticó la actitud de los populares pero presentó una enmienda a la totalidad por considerar que la propuesta del Bloque partía de un “relato partidista”.Solo una semana después, Amalia Bóveda, hija de Alexandre Bóveda, decidió no acudir, pese a la invitación, a la inauguración de la exposición dedicada al cuadro en el Museo de Pontevedra. Lo justificó, en un comunicado, por “motivos de dignidad y coherencia cívica y política”. Señaló que la cuestión no debería ser su “ausencia”, sino la presencia en la inauguración y en el Día da Galiza Mártir de quienes “niegan políticamente los derechos de las víctimas y sus familias”, poniendo el foco en la “incongruencia política” de participar en un acto así y, al mismo tiempo, negar la memoria democrática.“Resulta de una profunda hipocresía institucional ir ante el cuadro más simbólico de nuestro exilio y represión y votar en contra de institucionalizar el 17 de agosto como el Día da Galiza Mártir”. Asimismo, considera “intolerable” el “blanqueamiento político de aquellos que hoy se autoproclaman galleguistas mientras defienden pactos y acuerdos con partidos de extrema derecha”, en referencia a los acuerdos del PP con Vox.Aunque la institucionalización de la fecha sigue esperando, en los últimos años fue asumida por instituciones diversas, incluso algunas gobernadas por los populares, y con presencia de la propia Xunta en algún homenaje a Bóveda. Este año, como siempre, el epicentro de los actos será ante el monumento en A Caeira —Poio— que recuerda dónde fue asesinado el político galleguista, así como después en el cementerio de Santo Amaro, donde reposan sus restos.Será un homenaje a Bóveda y a los miles de represaliados tras un golpe militar que acaba de cumplir 90 años. Solo en la primera semana desde el inicio de la sublevación contra la República, entre el 18 y el 25 de julio, Nomes e Voces pudo documentar más de un centenar de asesinatos en el país. La mayoría, víctimas de disparos en las calles de ciudades como A Coruña y Vigo, aunque también en villas de menor dimensión. En esos días, no obstante, también fueron documentadas víctimas de bombardeos en Marín o Vigo y los primeros asesinatos sistemáticos, las primeras ejecuciones “en aplicación del bando de guerra” en A Coruña o Pontedeume. También comenzaron enseguida los primeros paseos, los asesinatos de paramilitares afines a los golpistas previo secuestro de las víctimas en sus casas o lugares de trabajo.Atendiendo solo a la documentación de Nomes e Voces, a finales de julio las personas asesinadas en Galicia ya superaban las 150. A finales de agosto, mes en el que se generalizaron los paseos, ya eran más de 700. En aquel mes también aumentaron las ejecuciones tras juicios simulados en los que las víctimas eran acusadas, precisamente, de los delitos que habían cometido los sublevados, tales como rebelión militar. Fue este el caso de Alexandre Bóveda —Alejandro Bóveda en la base de datos por ser una transcripción de los registros de la época—, asesinado aquel 17 de agosto tras el juicio escenificado para calificarlo como culpable de “traición”.Cuando finalizó 1936, las personas asesinadas por los golpistas en Galicia entre ejecuciones, paseos y muertes formalmente por otras causas ya superaban las 2.000. Al terminar 1937 eran unas 700 más. Los últimos asesinatos documentados están datados una década después, en 1947, en un contexto en el que, no obstante, la represión fue mucho más extensa y tuvo muchas más formas que las de la muerte.Nomes e Voces acreditó cómo las erigidas como nuevas autoridades encarcelaron solo en Galicia a más de 4.000 personas con diferentes pretextos tras los correspondientes procesos judiciales simulados, por los que pasaron otras 4.000 personas más. Más allá de los procedimientos judiciales, las investigaciones acreditaron más de medio millar de personas víctimas de sanciones de diverso tipo por razones políticas, desde la pérdida del empleo público, inhabilitaciones o destierros hasta cierres e incautaciones de negocios y bienes o importantes multas económicas.Las diversas acciones a favor de la memoria democrática, tanto estatales como privadas, buscan precisamente seguir arrojando luz sobre aquellos sucesos que documentó de manera pionera Nomes e Voces. En esa estela se encuadrará también desde el próximo otoño un nuevo proyecto de la Fundación Praza Pública, editora de Praza.gal, inmersa ahora en la producción del podcast Falamos de memoria, una producción multimedia que, apoyada por el comisionado especial España en Libertad. 50 años, dependiente de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, buscará acercar al público gallego, especialmente a las generaciones más jóvenes, a lugares cotidianos en los que sucedieron algunos de estos hechos de los que ahora se cumplen 90 años.