Normalmente, ponerle nombre a una especie nueva es un trámite interno, resuelto entre un puñado de taxónomos en el lenguaje técnico del latín científico. Esta vez fue distinto: miles de personas en internet, después de ver un video, propusieron sus propias ideas. Y lo más curioso es que once de ellas, sin ponerse de acuerdo entre sí, llegaron exactamente al mismo nombre