En la filmografía de Meryl Streep, ‘Río salvaje’ ocupa un lugar extraño. La película llegó en 1994, cuando su nombre se asociaba principalmente al drama, y la puso al mando de una balsa frente a Kevin Bacon. La acción dependía de su credibilidad física, porque Gail Hartman debía parecer una antigua guía capaz de salvar a su familia en unos rápidos reales.El esfuerzo empezó antes del primer descenso. Streep se entrenó durante dos semanas para remar y practicó el ‘sculling’ de la apertura, ambientada en el río Charles de Boston. Su mayor ansiedad al comienzo no estaba en la corriente: temía que el público advirtiera cualquier torpeza con los remos en esos primeros planos.La seguridad que ganó se mezcló pronto con el respeto al peligro. El filme utilizó tres cauces, el Kootenai y el Flathead en Montana y el Rogue en Oregón, y la actriz terminó negociando con el director cuántas veces repetiría cada maniobra. La confianza inicial dio paso a límites muy concretos.Una heroína contra el estereotipoEl personaje descolocaba el reparto tradicional de papeles. Un ejecutivo de Universal dudó de que el público de Streep coincidiera con el de las cintas de acción, mientras Curtis Hanson defendía que el suspense necesitaba personajes capaces de provocar una implicación emocional. La posterior carrera de la intérprete, incluido el regreso de Miranda, acabaría demostrando que esas fronteras podían ensancharse.El primer borrador tampoco satisfacía a la protagonista: Gail le parecía definida por los acontecimientos y con poca vida interior. Hanson aceptó que participara en la construcción del personaje. Tal y como recoge Los Angeles Times, Streep quería además un trabajo al aire libre y exigente, después de haber aprendido a esquiar a los 35 años para compartir una afición con su hijo. Buscaba medirse con un miedo que había aparecido con la edad.La elección tenía también una lectura familiar. Streep, madre de tres niñas y un niño por entonces, valoraba que vieran a una mujer resolver el conflicto con inteligencia, fortaleza y destreza corporal. Ese tipo de protagonista resultaba poco habitual en 1994, una década que sigue encontrando nuevos espectadores gracias al cine de los noventa recuperado por las plataformas. Gail se salvaba con sus propios recursos.Cuando falló la cámaraDurante una toma, la balsa cayó en un hueco de la corriente y Streep salió despedida. La maniobra había que repetirla porque la cámara falló, aunque la actriz estaba cansada tras una jornada larga y ya había mostrado sus reservas. En otros grandes proyectos, el accidente puede incluso incorporarse a la ficción, como ocurrió con el accidente de F1; aquí, el percance quedó fuera del montaje definitivo.Hanson temió haber perdido de vista a su estrella. Ella aclaró después la espera: «Contuve la respiración bajo el agua a propósito, para asustarte». El director afirmó que hubo varios percances, aunque ninguno causó lesiones graves, y Streep consideró un milagro que el episodio terminara así. La broma escondía una situación que pudo ser seria. La presión era mayor por tratarse de una intérprete que ya tenía dos estatuillas entonces y que hoy encabeza el récord de candidaturas, mientras el streaming de los Óscar prolonga la vida de las películas premiadas.Hubo una frontera que el equipo decidió no cruzar. Una secuencia exigía que un helicóptero descendiera por un cañón estrecho, con el rotor cerca de las paredes y el viento empujando la balsa contra la roca. Streep dudaba en ser quien se negara, hasta que Kevin Bacon rechazó la maniobra. Aquella negativa colectiva fue la decisión más sensata: la película necesitaba peligro en la pantalla, pero ninguna toma justificaba convertirlo en una lesión real.