“Perdona, ¿quién eres?”, escribió el inversor y pedófilo Jeffrey Epstein en un email a Cami Clark en 2012. Cuatro años antes, Epstein se había declarado culpable de prostitución de menores. Clark pretendía que Epstein invirtiera en su empresa de “porno de lujo”, que aspiraba a un público femenino en una industria pensada para los hombres y que tenía como lema “intelectualmente promiscuas”. Seguir leyendo