Ferragosto es una palabra bella y desusada, entre el Porsche y la isobara. Una pausa, en fin, en lo alto del Verano. Los italianos acuñaron la palabra, pero nosotros hemos perfeccionado el concepto, porque España entra en agosto como quien entra en una piscina, procurando no llevar encima ningún trapo de preocupación que destiña la holganza. El ferragosto es ahora mismo, o sea, unos días entre paréntesis, que arriesgó Cortázar, a orillas del almanaque mismo. Todo sigue ocurriendo, naturalmente, pero ocurre menos. Hay incendios, guerras, broncas políticas, inmigrantes erráticos, precios que trepan, y Grande Marlaska . Pero uno lee todo eso desde una tumbona y la tumbona modifica muchísimo la geopolítica. No es igual Putin visto desde un telediario de... Ver Más