EE UU confiesa un agujero aterrador en su defensa: un enjambre de drones oculto dentro del país podría atacar antes de que nadie lo detecte

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La vulnerabilidad del espacio aéreo de Estados Unidos se ha convertido en una de las principales preocupaciones para los mandos militares de dicho país. Sobre este tema, el punto de inflexión fue tras las contundentes declaraciones de un alto oficial en el reciente Simposio de Defensa Espacial y de Misiles de Alabama. Al ser preguntado sobre la capacidad actual para defender el país frente a un ataque masivo de enjambres de drones, el teniente general del ejército, Joseph Jarrard, vicecomandante del Mando del Norte estadounidense y del Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte, dio una respuesta tajante al admitir que carecen de los sensores y otros componentes necesarios para neutralizar una amenaza de esa naturaleza.La amenaza que representan estos sistemas no tripulados es algo más que evidente; de hecho, se demuestra a diario en escenarios de conflicto en todo el mundo. Un claro ejemplo de este peligro latente fue la Operación Spiderweb ejecutada por Ucrania contra bases aéreas rusas, donde drones lanzados desde camiones ubicados a corta distancia destruyeron bombarderos e instalaciones muy importantes antes de que la defensa rusa pudiera reaccionar. De igual forma, los ataques con drones FPV contra helicópteros estadounidenses en Oriente Medio confirman el riesgo inminente al que están expuestas las infraestructuras estratégicas, los activos de alto valor y las autoridades. A diferencia de las zonas de combate desplegadas en el extranjero, las bases e instalaciones sensibles dentro de Estados Unidos cuentan con niveles de alerta notablemente inferiores, escasez de defensas integradas y una vigilancia limitada frente a incursiones de corto alcance o drones de mayor alcance operados desde el propio interior del país.El impacto táctico de los enjambres de drones no tripulados en la infraestructura crítica Para hacer frente a todo esto, el mando militar busca adaptar tácticas, técnicas y procedimientos heredados de la Operación Noble Eagle, la misión de defensa aérea creada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. No obstante, el reto principal sigue siendo la detección temprana y la interoperabilidad, ya que la protección eficaz no se limita únicamente a recintos militares, sino que abarca infraestructuras civiles críticas y grandes núcleos urbanos. Esto exige integrar radares e instalaciones de las Fuerzas Armadas con los sistemas de respuesta y las fuerzas de seguridad locales y federales, emulando la cooperación vista en dispositivos de seguridad para eventos multitudinarios como la Copa Mundial de la FIFA, para garantizar que todos los sensores y plataformas compartan información en tiempo real.Aunque se han implementado medidas de emergencia, como el despliegue de kits portátiles antidrones en bases estratégicas tras incursiones no autorizadas en instalaciones que albergan componentes de tipo nuclear, estas soluciones tienen un alcance limitado frente a ataques sorpresa. Estos equipos de despliegue rápido requieren tiempo de solicitud y transporte, lo que los invalida contra incursiones sin previo aviso a menos que se disponga de inteligencia previa sobre la amenaza. Además, existe una falta de capacidad estructural para dotar de defensas permanentes a la totalidad de emplazamientos prioritarios y de la infraestructura civil crítica del país. China presenta un sistema de enjambre autónomo capaz de controlar 96 drones y lanzar uno cada tres segundosEsta realidad ha forzado un cambio en la postura del Departamento de Defensa, que históricamente se mostraba reacio a financiar el endurecimiento físico de las instalaciones debido a sus elevados costes y dudas sobre su rentabilidad. Recientemente, el Pentágono emitió nuevas directrices para reforzar la protección física pasiva de las infraestructuras críticas mediante el uso de redes, cables de contención y barreras estructurales diseñadas para frenar el impacto de drones.