El final de Oak Street es varias cosas a la vez. Por un lado, una película de ciencia ficción disparatada en la que David Robert Mitchell pone toda la carne en el asador para divertir. Por el otro, es una especie de homenaje involuntario al estilo Steven Spielberg de hacer aventura y acción. A saber: grandes efectos especiales, dosis de terror y un drama familiar que se mueve por la historia para unir todo lo anterior. Por lo que la premisa sorprende y entretiene. Pero termina por ser tan desordenada como para que no llegue a ser otra cosa que una combinación de elementos que no llega a ningún lado.Y no lo hace, porque el director es incapaz de apostar fuerte a su propia audacia. Eso, a pesar de que la premisa es tan interesante como para sorprender. Un día cualquiera, la vida de la disfuncional, corriente y entrañable familia Platt da un giro radical cuando un misterioso evento cósmico la hace volar por los aires. Por lo que la arranca de toda su calle de la realidad tal y como la conocemos, para a continuación transportarla a un lugar brutal. Uno además, dominado por criaturas prehistóricas y dinosaurios. De modo que esta familia caótica deberá unir fuerzas para sobrevivir. Con una historia semejante, el guion (que también escribe el director) podría haber hecho maravillas para ser disparatado, divertido y dramático. Todo a la vez. Solo que no lo logra, aunque lo intenta. El final de Oak Street pasa demasiado tiempo tratando de establecer su mundo. Todo a pesar de que no se toma demasiadas molestias para explicar qué ha ocurrido o por qué ha pasado en primer lugar. Antes que eso, asume la idea de que su grupo de personajes solo debe sobrevivir. Y hacerlo con lo que sea que tengan a mano. Un punto que la cinta lleva a los lugares más cruentos, despiadados y sangrientos, pero sin atreverse a ser verdaderamente atrevida. El resultado es una película tímida con su propio sentido del horror y que cuida demasiado seguir siendo para toda la familia. Incluso en sus puntos más grotescos.Una historia que apuesta al exceso y le sale bien Uno de los puntos altos de El final de Oak Street es que sabe a dónde va. También que no es necesario dar incansables explicaciones para comenzar su gran aventura. Por lo que, sin dar demasiadas vueltas, va al punto. Los padres Denise (Anne Hathaway) y Greg (Ewan McGregor) tendrán que proteger a sus hijos Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery) de lo imposible. Eso, en un mundo violento en que los dinosaurios reinan y que toda la realidad tal y como la conocen parece haberse venido abajo. La trama no está preocupada por dar indicios de qué pasó o cómo revertir la situación.En lugar de eso, se enfoca en llevar adelante a sus esforzados sobrevivientes en una especie de aventura que quiere ser realista. De hecho, toda la premisa parece basarse en la gran pregunta de ¿qué haría cualquiera en una situación así? Por lo que la cinta va de un tono burlón de comedia negra violenta al terror, mientras los personajes se esfuerzan por superar un entorno brutal. Y vaya que David Robert Mitchell disfruta de llevarlos a situaciones extremas y de poner a todos en el escenario imaginable. Eso sin perder la humanidad de sus esforzados protagonistas ni restar diversión a la forma en que narra su historia. Buena parte de los mejores momentos de El final de Oak Street transcurre cuando el director se desinhibe por completo. Por lo que convierte la película en una combinación de una inspirada versión de Jurassic Park, con un drama familiar a cuestas. Cuando la trama deja de cumplir fórmulas y se atreve a poner en peligro a sus personajes, disfruta haciéndoles sufrir y excede los límites, sorprende. En especial, porque la película tiene la capacidad de superar la mera idea de que se trata de una travesía disparatada para convertirse en un peligro atroz. Más atractivo resulta la forma en que el director añade al resto de los vecinos de la cuadra en esta batalla por evitar la mordida fatal de un dinosaurio. El grupo, formado por Jeannette (Jordan Alexa Davis), Mel (P.J. Byrne), Mary (Bethany Anne Lind), la señora Valcour (Emily Kuroda), Kaden Tucker (Hudson Meek) y la señora Huddleston (Anne Gee Byrd), es el equilibrio perfecto de los Pratt. En eso específico, porque juntos completan la sensación de un mundo realista y complicado. Uno, además, en que personas corrientes deben evitar que cualquier criatura inexplicable los decapite de un zarpazo. Huir del horror mientras se resuelven los problemas domésticosDe hecho, buena parte del éxito de El final de Oak Street está en, justamente, mantener su primera hora en ese punto. Al explorar en este grupo de personas corrientes que deben batallar con lo imposible, la cinta se aleja de lo obvio. Por lo que toda la energía del argumento va en que cada personaje deba descubrir cuál habilidad puede ser útil en mitad de una tragedia impensable. Todo, sin caer en el ridículo o volverse sensiblera.El gran triunfo de la cinta es, en realidad, ser una especie de retorcida idea sobre personajes entrañables que están en constante riesgo de ser destripados. Mucho más, porque el director logra que sean encantadores y que la trama los haga cercanos y tridimensionales. Por lo que, cuando la película logra ser convincente con respecto al riesgo de ver morir a alguno, el final de Oak Street gana en emoción. Mucho más, cuando el guion tiene la habilidad para que cada uno de los miembros de la familia Pratt y sus vecinos tenga más trasfondo que lo obvio. Paso a paso, la cinta logra que esta no sea solo una película de criaturas violentas y bestias salvajes con apetito insaciable. En realidad, es una historia sobre personas imperfectas, adorables y al borde del horror, tratando de evitar una muerte dolorosa. Por supuesto, buena parte del mérito lo llevan Anne Hathaway y Ewan McGregor, que logran que Denise y Greg sean convincentes. También, que el peso de veinte años de mal matrimonio sea otro elemento a tener en cuenta. Que los personajes sean humanos, que sangren y sientan dolor (físico y emocional), brinda un trasfondo especial a la cinta.Pero no todo es tan bueno en ‘El final de Oak Street'Tal vez por eso, los peores momentos de la cinta son cuando olvida esa cualidad de tener un gran corazón, en favor de los efectos especiales. Algo que ocurre para su tercer tramo y que termina por llevar a la producción a un cierre decepcionante. Eso en comparación con su fantástica primera hora. Lo que más se lamenta es que la película parece quedarse corta para cerrar lo mejor de su travesía por lo extraño. Por lo que recurre a clichés que recuerdan demasiado al cine de monstruos. En especial, la torpeza narrativa de Jurassic World: Dominion y su montón de personajes que rescatar y concluir.Y aunque ese cierre no es del todo mediocre ni tampoco daña la hazaña de mantener la premisa en alto, sí sabe a poco en comparación. Para su conclusión (tan a lo Spielberg que los más fanáticos reconocerán la referencia), El final de Oak Street se queda a medias en su ambición. Mucho peor, parece incapaz de ser tan audaz como su primera, valiente y asombrosa primera hora. Un giro deslucido que quizás evita que sea la obra extraordinaria (y el éxito de crítica) que parecía destinada a ser. El elemento más lamentable y mediocre de una película que evitó ser predecible durante buena parte de su metraje. 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