Algo malo habría de pasarme en París

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Han sido días de calores infames en París. Caminar a media tarde bajo cuarenta grados centígrados era un suplicio. El mundo se incendiaba y no sería yo quien apagase las llamas. Buscaba las sombras como un adicto buscaría el narcótico. Entraba en las tiendas de mi calle favorita no para comprar, sino para respirar aire acondicionado. Luego el vendedor me daba pena y le compraba algo que no necesitaba. Compré por ejemplo unas zapatillas de color negro porque cierto periódico decía que eran las más confortables para personas con pies anchos. Mis pies, bien mirados, no son extremidades humanas. Son antiguos tubérculos de origen andino. Son protuberancias, abultamientos, hinchazones. Se inflaman con los viajes, las fatigas y las canículas. No... Ver Más