Después de años de humanoides corriendo maratones, practicando kung-fu y protagonizando vídeos virales, la industria china entra en una fase mucho más difícil: demostrar que esas máquinas pueden trabajar durante horas, cometer pocos errores y resultar más baratas que contratar a una persona. La presión aumenta justo cuando Estados Unidos restringe la entrada de nuevos robots extranjeros.