Durante más de una década, Ramón García ha reunido en las noches veraniegas a las familias españolas con el mítico programa 'Grand Prix' que presentó entre 1995 y 2005 y vuelve a dirigir desde 2023, convirtiéndose así en uno de los rostros más queridos en nuestro país. Pero, antes de grabar a fuego recuerdos entrañables con las pruebas más divertidas, trepidantes y disparatadas, como los troncos locos o la patata caliente, 'Ramontxu', como también se le conoce, fue un niño que vivía los veranos de forma muy diferente. El presentador vasco recuerda con cariño cómo abandonaba su Bilbao natal cuando llegaban las vacaciones estivales para disfrutar en el pueblo de sus abuelos: Laredo . «Nos íbamos con mis abuelos justo después de acabar el colegio y ya no volvíamos a Bilbao hasta mediados de septiembre. ¡Tres meses enteros! Eso sí que eran vacaciones », cuenta en El Correo. Describe este periodo como «una mezcla entre 'Verano Azul' y 'Cuéntame'». « Íbamos en bicicleta . La mía era una BH roja. Me encantaba. La de mi amigo Koldo era igual, pero en color azul y la de Joselu, naranja», detalla. Un pequeño pelotón infantil recorriendo calles medievales, prados y caminos que desembocaban en la playa de La Salvé, la más extensa del litoral cántabro. «Tengo buenísimos recuerdos de los veranos y todavía conservo amigos como Carmelo, con el que sigo en contacto. En Laredo me hice amigo de Miguel Ríos», rememora. No es difícil entender por qué Laredo ocupa un hueco tan especial en el corazón de Ramón García. Situada en la costa oriental de Cantabria , esta localidad combina una extensa tradición marinera con un importante patrimonio histórico y uno de los grandes atractivos naturales de la región: la playa de La Salvé , de más de cuatro kilómetros de longitud. La villa medieval, la villa renacentista y barroca y la villa contemporánea permiten además recorrer varios siglos de historia prácticamente a pie. Sus orígenes se remontan a un antiguo asentamiento de pescadores , aunque existen vestigios de presencia humana mucho más antigua en su entorno. Con el paso del tiempo, su privilegiada ubicación favoreció su crecimiento hasta convertirse en uno de los enclaves más relevantes del litoral. El gran impulso llegó en 1200, cuando Alfonso VIII le concedió el título de villa real y su propio fuero. Laredo pasó así a desempeñar un papel destacado en las rutas comerciales del Cantábrico y se integró en las históricas Cuatro Villas de la Costa , junto a Santander, Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera. Uno de los grandes atractivos de la localidad es la Puebla Vieja , su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico . Sus calles empedradas conservan la estructura medieval y permiten descubrir restos de las antiguas murallas, además de casas nobles y casonas levantadas entre los siglos XVI y XVIII. Entre sus edificios más destacados se encuentra la Iglesia de Santa María de la Asunción , uno de los grandes ejemplos del gótico cántabro, en cuyo interior se conserva un destacado retablo flamenco. El recorrido puede continuar hasta el puerto pesquero , todavía ligado a la tradición marinera de la villa, y el puerto deportivo, que muestra la transformación de Laredo y su actual relación con la náutica de recreo. Y, junto al núcleo urbano, aparece otro de los grandes atractivos de la localidad: la playa de La Salvé , cuyo arenal de más de cuatro kilómetros se encuentra entre los más extensos del Cantábrico. En el extremo opuesto, la playa del Regatón , ideal para disfrutar de una tarde tranquila en contacto con el entorno de marismas. Laredo también ofrece una cara diferente para quienes quieran alejarse del ambiente costero y descubrir sus alrededores. A pocos minutos del centro parten varias rutas verdes , con recorridos de entre una y tres horas a pie, que atraviesan paisajes de prados, huertas familiares y pequeñas explotaciones agroganaderas.