China cubrió cientos de kilómetros de desierto con paneles solares para producir electricidad. Una década después, debajo ha crecido tanta vegetación que ahora necesita 20.000 ovejas para mantenerla a raya

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El gigantesco parque fotovoltaico de Talatan, en Qinghai, nació para aprovechar uno de los lugares más soleados y áridos de China. Más de diez años después, los paneles también han cambiado el microclima del suelo: frenan el viento, reducen la evaporación y han favorecido el regreso de la vegetación.