Un robot bajó 120 metros bajo las primeras turbinas eólicas flotantes del mundo y encontró casi 16.000 organismos: entre ellos, un posible coral que no debería estar ahí

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Nadie construyó estas turbinas pensando en la vida marina. Pero apenas unos años después de instaladas, sus estructuras de acero, pensadas únicamente para generar electricidad, ya funcionaban como arrecife artificial para miles de estrellas de mar, mejillones, gusanos tubícolas y, en un cable entre dos turbinas, algo que ni los propios biólogos esperaban encontrar tan al norte