Charles Darwin la documentó en 1835, durante su famoso viaje a bordo del Beagle. Después, silencio total: ni un canto, ni un avistamiento, ni una sola grabación durante 190 años, ni siquiera cuando un investigador recorrió 150 puntos de la isla específicamente para buscarla. La explicación de por qué reapareció ahora tiene menos que ver con magia y más con gatos, ratas y una campaña de erradicación bien ejecutada