Miles de drones asistidos por inteligencia artificial vigilarán las fronteras orientales de la OTAN con Rusia y Bielorrusia, pero habrá una limitación muy concreta: la IA no podrá decidir cuándo atacar. Los aparatos podrán detectar movimientos sospechosos, seguir posibles amenazas y patrullar grandes extensiones, aunque cualquier decisión que implique abrir fuego seguirá dependiendo de una persona.Según recoge TechRadar, el despliegue forma parte de la Eastern Flank Deterrence Initiative y pretende cubrir unos 3.500 kilómetros de frontera. La idea es que la inteligencia artificial asuma buena parte del trabajo repetitivo, porque mantener tantos drones en el aire y vigilando zonas concretas requeriría una cantidad de pilotos humanos que la OTAN no tiene.La IA coordinará miles de drones sin necesidad de miles de pilotos La clave está en separar dos tareas que pueden parecer iguales, pero no lo son. La inteligencia artificial podrá encargarse de mantener y coordinar grandes grupos de drones, ayudando además a detectar y seguir incursiones, pero no decidirá qué objetivo debe ser atacado. En ese último paso, el operador humano seguirá teniendo la última palabra.Ben Schiff, mayor del Ejército estadounidense y responsable del EFDI Data Backbone, lo explica así: «Los humanos deciden qué hace el dron, pero no necesariamente tienen que pilotarlo, porque no tenemos un millón de pilotos. No podemos volar un millón de drones al mismo tiempo». Ese millón es un ejemplo de escala, no una cifra anunciada para el despliegue.Para que todo eso funcione, la OTAN quiere conectar en una misma red la información que reciben drones, sensores, satélites y sistemas de distintos países. El EFDI Data Backbone haría de «sistema nervioso digital», de manera que un operador pueda recibir rápidamente datos procedentes de varias fuentes sin esperar a que recorran una cadena de mando tradicional.Esa forma de trabajar también cambia cómo circula la información. En lugar de avanzar paso a paso por una cadena, los datos podrían llegar desde varios puntos a la vez, formando una red compartida para detectar amenazas antes. Para un lector no especializado, la diferencia práctica es sencilla: menos tiempo reuniendo información y más rapidez para saber qué está ocurriendo.La orden de atacar seguirá dependiendo de una persona Hay una frontera que el programa no pretende cruzar. Aunque la tecnología ya permite coordinar aparatos de forma cada vez más autónoma, la autorización para atacar seguirá siendo humana. Es el mismo principio que aparece en otros proyectos militares con inteligencia artificial, como los sistemas militares con supervisión humana obligatoria desarrollados para el Pentágono.Eso coloca este proyecto en un punto distinto al de los sistemas pensados para atacar en grupo. Ya hemos visto cómo los enjambres de drones coordinados con IA pueden repartirse tareas, pero aquí la autonomía se limita a la vigilancia y el seguimiento, sin entregar a una máquina la decisión final de emplear fuerza.El planteamiento no parte únicamente de pruebas de laboratorio. La información recogida por TechRadar cita un modelo ya utilizado en combate, con el derribo de un dron iraní Shahed en Kuwait como ejemplo, y también señala que Ucrania emplea drones gestionados con inteligencia artificial para vigilar de cerca sus fronteras con Rusia y Bielorrusia.Matt Blubaugh, portavoz del Ejército estadounidense en Europa y África, resume el objetivo con esta idea: «El valor de un dron, un sensor u otra capacidad no depende únicamente de su rendimiento individual; su eficacia depende de lo bien que se integre en el entorno operativo». Es decir, cada aparato será útil por la información que comparta con los demás.