El ADN de este homínido se degradó hace mucho tiempo, víctima del calor y la humedad que llevan siglos castigando cualquier resto orgánico en el centro de la Península Ibérica. Pero dentro del esmalte de un solo molar sobrevivía otra clase de evidencia biológica, mucho más resistente: proteínas capaces de revelar, con precisión, si su dueño había sido varón o mujer