Sobre los campos de cereal, el aguilucho cenizo todavía dibuja en primavera una de las estampas más reconocibles de la naturaleza española. Vuela bajo, casi rozando los cultivos, mientras busca alimento entre las extensiones de trigo y cebada. Pero detrás de esa imagen se esconde una realidad cada vez más preocupante: la especie está teniendo más dificultades para sacar adelante a sus crías y, si la tendencia continúa, podría perder más de la mitad de su población en las próximas dos décadas. Así lo advierte un estudio publicado en el último número de Ardeola, la revista científica de SEO/BirdLife, que analiza más de tres décadas de información y más de 20.000 nidos registrados en España entre 1987 y 2023. Los datos muestran una disminución sostenida del éxito reproductor del aguilucho cenizo, una tendencia que no parece responder a que nazcan menos pollos o a que estos estén peor alimentados, sino a algo más sencillo y, a la vez, más difícil de frenar como es que cada vez más nidos fracasan antes de que las crías puedan volar. La diferencia puede parecer pequeña, pero resulta decisiva. Cuando un nido consigue salir adelante, el número de pollos que alcanzan la edad suficiente para volar se mantiene relativamente estable. El problema es que cada vez son más los nidos que no llegan a completar el ciclo reproductivo. Los investigadores relacionan este aumento del fracaso con cambios en la gestión de los cultivos, especialmente con la intensificación agrícola. Las cosechas son cada vez más tempranas y rápidas y, en ocasiones, coinciden con el momento en que los aguiluchos todavía dependen del nido. La especie ha evolucionado para criar en terrenos agrícolas y encuentra en los cultivos de cereal un sustituto de las antiguas estepas y herbazales. Pero esa adaptación tiene un precio: cuando el calendario de la agricultura cambia, también cambia el espacio disponible para que las aves completen su reproducción. Un nido escondido entre el cereal puede ser un refugio durante semanas y convertirse de repente en una zona de trabajo agrícola. Los pollos que todavía no pueden volar quedan entonces expuestos a la maquinaria, a los depredadores y a unas condiciones ambientales cada vez más difíciles. Los investigadores no se han limitado a analizar lo ocurrido. También han utilizado modelos demográficos para intentar anticipar qué puede suceder si las condiciones actuales se mantienen. Las proyecciones dibujan un escenario inquietante. El modelo reproduce con bastante precisión el descenso registrado entre 2006 y 2017, cuando la población española cayó aproximadamente entre un 25% y un 27%. Pero, mirando hacia el futuro, estima que podría producirse una reducción adicional de alrededor del 59% durante los próximos 18 años. Sumadas ambas tendencias, el resultado sería una pérdida superior al 70% de la población en apenas tres décadas. La magnitud del declive podría llevar incluso a replantear la categoría de amenaza de la especie. De acuerdo con los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los resultados del estudio serían compatibles con un cambio desde la categoría de «Vulnerable» a «En Peligro». No se trata únicamente de una cuestión estadística. España alberga la mayor población reproductora de aguilucho cenizo de toda la Unión Europea. Lo que ocurra en los campos españoles tendrá, por tanto, consecuencias mucho más allá de nuestras fronteras. Durante años, las medidas de conservación se han centrado en proteger los nidos localizados antes o durante la cosecha. Cuando se detecta uno, los agricultores pueden dejar una superficie sin cosechar alrededor del nido para permitir que las crías completen su desarrollo. Es una medida que ha permitido salvar numerosos pollos, pero el estudio advierte de que ya no parece suficiente para cambiar la tendencia general. El motivo está en que el problema no afecta únicamente a algunos nidos concretos. Tiene que ver con una transformación más profunda del paisaje agrícola y de los calendarios de cultivo. A ello se suma el cambio climático ya que el aumento de las temperaturas durante el periodo reproductor puede dificultar todavía más la supervivencia de huevos y pollos pequeños y reducir la eficacia de las medidas tradicionales, especialmente cuando coinciden con cosechas tempranas. El aguilucho cenizo representa una paradoja. No es una especie exclusivamente ligada a espacios naturales intactos, sino que ha encontrado en los campos agrícolas uno de sus principales territorios de reproducción. Su presencia forma parte de la historia reciente de los paisajes cerealistas españoles y allí donde las cosechas se extienden hasta el horizonte, esta rapaz encuentra alimento y lugares donde instalar sus nidos. Por eso, su conservación depende también de encontrar un equilibrio entre producción agrícola y biodiversidad. Los autores del estudio plantean la necesidad de medidas más ambiciosas y aplicadas a mayor escala, capaces de incorporar la conservación de la especie a la propia gestión del paisaje agrario. No se trataría únicamente de salvar un nido cuando aparece una cosechadora, sino de adaptar determinadas prácticas agrícolas para que la reproducción pueda completarse. La cuestión es especialmente relevante en un momento en que la agricultura europea afronta al mismo tiempo los retos de la productividad, la adaptación climática y la pérdida de biodiversidad. El último número de Ardeola dedica un contenido especial a las aves esteparias, un grupo especialmente vinculado a los paisajes agrícolas y que se encuentra entre los más amenazados de Europa. El volumen reúne algunas de las principales comunicaciones presentadas en el Congreso Internacional sobre Aves Esteparias del Paleártico, celebrado en Ciudad Real en 2025. Entre ellas, el trabajo sobre el aguilucho cenizo lanza una advertencia difícil de ignorar: si no cambian las condiciones que están provocando el fracaso de sus nidos, la pérdida de esta rapaz podría acelerarse durante las próximas décadas. Todavía hay margen para actuar. Pero la escala del problema obliga a ir más allá de las actuaciones puntuales. El futuro del aguilucho cenizo se decidirá, en buena medida, entre espigas, cosechadoras y calendarios agrícolas. Y también en la capacidad de hacer compatible un campo productivo con un campo donde todavía haya espacio para que una rapaz pueda levantar el vuelo con sus crías.