El mundo occidental, el desarrollado, vive sumido en una culpa que lo está colocando a merced de las víctimas de sus actos históricos pasados y presentes. Hay tres países a los que les afecta menos este hecho: Estados Unidos, Israel e Inglaterra, justo los que le han plantado cara a una realidad sangrante como es la vida, justo quienes se están desenvolviendo sin tapujos, justo quienes parecen no tener corazón con los prójimos. El resto estamos llegando al extremo de intentar que un tapón vaya adherido a la botella o que una caja de un medicamento lleve un trocito de cinta adhesiva transparente mientras China -que no es Occidente pero que no se anda con remilgos- se va haciendo con nuestra riqueza, empezando por las zonas portuarias del sur de España al tiempo que ha encontrado la fórmula para convertir a los puertos de mar estratégicos que domina en enclaves mercantiles-militares.La vida no es noble ni bellaA lo anterior hay que añadir nuestros fantasmas mentales, propios de nuestra cultura y educación recibidas. La vida no es noble ni bella, escribió García Lorca en su “Oda a Walt Whitman”. En el mundo no mandan los buenos, mandan los malos y quienes menos escrúpulos tienen. China se unió a esta filosofía cuando afirmó que ella iba a seguir contaminando el ambiente porque Occidente se había desarrollado de esa manera y por qué no iban a hacerlo ellos. Luego tomó medidas anticontaminantes pero su expansión sigue por América Latina, África, Europa, en una especie de colonización blanda de rostro humano. Israel lucha denodadamente por sobrevivir allí donde cree que debe estar. Palestina también. Nadie ayuda a Palestina, nadie poderoso de su misma cultura, todos prefieren estar al lado de quienes apoyan a Israel. Podemos inventar todos los términos éticos y morales que queramos. Para mí, al margen de ellos, sólo existe historia de los seres humanos. En este caso sangrienta. Nada nuevo. El apoyo a Palestina se llama culpa, nos la despiertan imágenes crónicas echando mano de niños harapientos, es una técnica comercial de marketing como otra cualquiera. Dicen que buscan “concienciarnos”. ¿De qué? ¿Nos toman por idiotas? ¿Se creen que no sabemos de qué va el mundo? ¿Se creen que no tenemos montones de culpas que atender en nuestro entorno inmediato? Europa abrió pasoPor los motivos que fueran -no voy a entrar ahora en ello- fue Occidente la que ya a partir de la Baja Edad Media comenzó a extenderse mercantil y militarmente por el resto del mundo. Occidente, Europa, desde Europa surgió lo mejor y lo peor que vemos por el planeta, especialmente desde el siglo XVI y muy especialmente desde el XIX con las revoluciones industriales. España y Portugal abrieron unas rutas que casi al mismo tiempo y después aprovecharon el resto de las potencias. ¿Por qué? ¿Es que eran malévolas por naturaleza? No, eran lo que eran, ya está bien de simplificaciones, somos lo que somos y lo diré claro: debemos sentirnos orgullosos. En lugar de estar todo el día golpeándonos el pecho y pensando que nos vamos a ir al Infierno o que Dios nos va a lanzar un rayo, debemos saber que somos humanos, que así es nuestra especie y que eso no significa que no aspiremos a mejorarla, pero sin cargar con toda la culpa de los males del planeta. No somos perfectosNo somos perfectos, somos una especie animal con muchos asuntos que corregir para poder convivir en sociedad mundial. Ni los animales no racionales lo han logrado del todo. Nosotros tenemos algo que ellos no tienen: autoconsciencia, pero sin madurar. ¿Saben ustedes a qué nos está llevando eso? Lo saben, ¿verdad? A que nos aplastemos a nosotros mismos y a que nos domine la culpa de creer en nuestra naturaleza como la causa de todos los males. Dicho de otra forma, adicional: a que se produzca lo que en psicología se llama “dominio desde abajo”, dominio al revés, no de arriba abajo sino de abajo arriba, dominio de quienes creemos desgraciados, vulnerables, víctimas. Una cosa es ayudar a quienes creemos que en justicia lo precisan y otra sentirnos coartados por ellos. Negocios, comercio¿Se dan cuenta de lo que ha surgido gracias a los llamados vulnerables? Negocios, comercio. ¿Y quién ha levantado esos negocios y esos comercios? Nuestros congéneres más listos, que no inteligentes. De la vulnerabilidad han hecho negocio y se han buscado la vida. El victimismo y los vulnerables son una materia prima que no se extinguirá nunca porque gracias a ella se levantan asociaciones, grupúsculos, fábricas y negocios llamados solidarios y religiosos que existen debido a que nosotros, sus clientes, llevamos dentro un veneno que nos va destruyendo: la culpa. La culpa va desde lo cotidiano hasta lo universal. En lo cotidiano tenemos a esas personas que siempre desean levantar compasión y caridad en los otros, pueden ser amigos, conocidos o mendigos. ¿Por qué levantan esa compasión en los clientes? Porque a los clientes previamente los han llenado de culpa los negocios religiosos que han trabajado con el ancestral miedo a los dioses quienes, a su vez, han surgido del principio de incertidumbre que controla al humano desde que abrió los ojos al mundo. Es lo que Freud llamaría mucho después el eros y el tanatos, de ambos han surgido negocios. El humano es un negociante asustado que de todo extrae actividad mercantil. A Dios lo convirtió en un mercadeo y cuando lo mató, y antes, creó miles de productos endiosados. Después de levantar todo eso fundó el negocio de la culpa. Todo cuanto hacía iba acompañado por la culpa y como todo en exceso mata, la culpa exagerada que tenemos hoy nos está matando o, al menos, limitándonos mucho. “Ya Dios proveerᔿDónde están unas de las raíces más cercanas de la culpa? Primero, en la conquista y colonización de América. España y Portugal -sobre todo España- se tomaron aquello como mucho más que una conquista. Era la oportunidad de extender el negocio espiritual cristiano por un mundo lleno de personas por cristianizar, algo que conlleva la creación e intensificación de la culpa. Eran indígenas, pero también hijos de Dios. Conseguimos a medias nuestros fines “divinos”, los latinoamericanos son los pobladores del planeta que más pronuncian la palabra Dios de cuantos habitantes planetarios he conocido. Lo mismo les sirve para un roto que para un descosido. “Ya Dios proveerá”, de tanto usar esa palabra la han despojado de valor y han delegado demasiado en su sentido al tiempo que la adaptaban a sus intereses. Y miren lo que tienen: una tierra de la que nos echaron a nosotros y entonces se apropiaron de ella los otros malos más malos que nosotros: los hijos de Inglaterra, los que disparan y luego preguntan, los que creían que el mejor indio era el indio muerto. No, no trae cuenta en esta vida ir por ahí evangelizando y metiendo sentimientos de culpa en el cuerpo. “Llegué, vi, vencí”, dijo César en la Galia. Luego, tanto a ellos como antes a nosotros nos construyeron los romanos monumentos e infraestructuras que perviven todavía, pero fueron a lo práctico. Van también a lo práctico esos protagonistas de películas policíacas estadounidenses que cuando ven a un joven colega abrumado y deprimido porque ha matado al primer delincuente en su vida le dicen: “Era un asesino, ¿verdad? Está mejor muerto que vivo, el mundo es ahora un poco mejor. Vete a casa y duerme tranquilamente”. La frase podría encerrar una de las causas por las que determinadas naciones sin tanto sentimiento de culpa dominan el planeta. ¿Cuántas naciones católicas hay en el G7? Italia y de chiripa. El catolicismo es el gran especialista de la culpa, lo sé por experiencia. Su compasión no sobra, al revés, hace falta. Ahora bien, aplicada con cuidado, lo cual no se le puede pedir a esa religión, creo yo, la culpa forma parte de su dominio y de su negocio. El cura sabe todo de nosotros a través de la confesión, nosotros sabemos muy poco de él. Nuestros progresistasCon el paso de los siglos nos sentimos culpables de lo que hicimos aquí, allí y acullá, nuestros progresistas -que son predicadores religiosos sin cultura ni hábitos- nos quieren rematar viviendo ellos de sembrar culpas en nosotros, apoyando, por ejemplo, a una llamada Nueva Izquierda Latinoamericana que es un bluf. Es un engañabobos dado que cada cual ha ido por su lado en lugar de formar una sociedad de naciones y una alianza militar entre ellos y con otros países aprisionados por la bota gringa y, también, por no medir las consecuencias de pisarle el rabo a un enorme león llamado estructura mercantil y mediática mundial. Ahí está Venezuela, entre la corrupción mucho antes del chavismo, el cerco mundial capitalista y la corrupción chavista llega una tormenta de terremotos y ella sola se está muriendo. Cuando, junto a cuatro profesores de distintas universidades españolas, estuve almorzando con Hugo Chávez en Caracas a principios de 2002, a una pregunta mía me contestó que su aspiración era unirse con Lula en el momento en que ganara las elecciones. Ganó Lula en octubre de ese año y casi lo primero que hizo fue visitar a Bush en su rancho. En contraste, ahí está Japón, dos bombas atómicas, una apuesta por los malos del capitalismo y un terremoto similar a los de Venezuela les permite cimbrearse a los rascacielos sin que se caigan. Y luego se extendió por su zona de influencia hasta desplegar su tecnología por lo que llamábamos en periodismo “los tigres asiáticos” (Corea, Taiwán, Singapur, Hong Kong…). Hitos históricos ¿De dónde le viene a Japón ser Japón, la agresiva nación capitalista, aunque ya era agresiva antes de “contaminarse” con el capital? EEUU se dio cuenta de que Europa Occidental se lo iba a quedar todo. En 1850 invade Japón y lo convierte en liberal-mercantil cargándose la mentalidad samurái. Por ahí circulan los Toyota, etc., la Sony domina el mundo de la música y al mismo tiempo se han entusiasmado tanto con la tecnología que los jóvenes se convierten en enfermos adictos llamados hikikomori y los viejos crecen más que en España. Casi al mismo tiempo, una vez que la Europa más poderosa estaba ya más o menos formada, en 1884 se reúne la Conferencia de Berlín bajo el impulso de Inglaterra, Francia y la propia Alemania. Allí deciden repartirse África por la cara: extienden un mapa y dicen: de aquí hasta aquí para ti, de acá hasta allá para ti y así sucesivamente. Nada de piedad, nada de culpa, ellos eran superiores, los negritos no contaban. De aquellos polvos llegó también el barro de la culpa de la que muchos han hecho negocios “buenos” (las organizaciones llamadas solidarias) y “malos” (los traficantes de humanos que enlazan con los de toda la vida sólo que más “sofisticados”). Esos países democráticos prepotentes que condenan el comunismo, el chavismo y todo lo que no sea como ellos, no son capaces de acabar ni con los traficantes ni con los narcos ni con los ayatolás. Son tigres de papel. ¿No son capaces o no quieren? Buscando supervivencia¿Qué hay en el fondo de todo? Seres humamos buscando su supervivencia, tanto los malos como los buenos. Españoles que deseaban conseguir eso por lo que se mataba en otros momentos de la Historia: especias. Ingleses, franceses y alemanes necesitados de materias primas para la tecnología y las fábricas que las revoluciones industriales originaron y exigían. Ya habíamos matado a Dios, pensábamos por nosotros mismos desde hacía pocos siglos. Y eso tiene un precio, el precio de vivir con culpa al tiempo que materialmente vivíamos mejor. Matar al Padre se paga así. Da igual, con Dios o sin Dios la culpa ha tomado cuerpo por sí misma, está ahí agazapada y en el fondo nos sirve para sentirnos vivos, unos vivos moribundos dando bandazos con Inteligencia Artificial y todo. Pronto sentiremos culpa por explotar en exceso a una máquina que hemos parido nosotros mismos. Éste es el reto: ¿cómo separar la justicia de la culpa?, ¿cómo hacer para que la primera mate a la segunda? ¿Preferimos vivir eternamente esclavos del victimismo y la culpa antes que intentar que la empatía y la justicia universal las superen? ¿Seremos capaces de llegar a eso o nos sentimos más cómodamente incómodos con los remedios caseros, peregrinos, consumistas y comerciales que ahora les aplicamos a nuestras culpas, a esa pandemia a primera vista inmortal?