Después de dos primeras (y muy lentas) temporadas cargadas de contexto y desarrollo preguerra, 'La casa del dragón' sufre y sangra por fin en su tercera temporada, actualmente en emisión en HBO Max. La brutalidad trágica con la que George R. R. Martin se ensañó con la dinastía Targaryen en 'Fuego y sangre', que desglosa su calvario generacional con el Trono de Hierro y sirve de inspiración para esta precuela de 'Juego de tronos', bebe más de la realidad histórica de la Inglaterra medieval que de la imaginación retorcida del escritor estadounidense. Martin se imbuye de gestas y rivalidades auténticas para construir a los memorables personajes de su universo , y de hecho estructura el ficticio territorio de Poniente en base a la Heptarquía anglosajona que se asentó después de las invasiones germánicas en la isla entre los siglos V y X. En la primera temporada de 'La casa del dragón', Viserys I rememora la profecía de Aegon I 'El Conquistador', la cual resulta ser la semilla del mal que estaba por venir gracias a la Lady Macbeth de esta historia, Alicent Hightower. La confección de George R. R. Martin para ese gran rey Targaryen nace directamente de Guillermo 'El Conquistador', el primer rey normando de Inglaterra después de invadir los reinos anglosajones en 1066, por aquel entonces llamados 'Engla land'. En la segunda temporada de 'La casa del dragón' estalla la Danza de los Dragones después de la muerte de Viserys I cuando Aegon II usurpa el trono, a pesar de que fue Rhaenyra, la primogénita, quien había sido nombrada sucesora. El reino se dividió ante una tradición injusta y obsoleta para muchos, ya que hacía primar al heredero varón sobre la nombrada heredera, una división que resquebrajó el universo de ' Juego de tronos' pero que, fuera de la pantalla, desembocó en la primera guerra civil medieval inglesa del siglo XII. El conflicto, conocido como La Anarquía , estalló tras las discrepancias con el deseo del monarca Enrique I que, tras la muerte de su heredero Guillermo Adelin en el naufragio del Barco Blanco en el Canal de la Mancha, nombró a su hija Matilde como sucesora. Ante el temor de que no la aceptaran como reina, igual que Viserys con Alicent, se volvió a casar con una mujer mucho más joven que él con la esperanza de engendrar a algún niño para mantener el trono en su propia sangre real. Sin embargo y, en contra de sus designios, fue su sobrino Esteban de Blois quien tomó la corona nada más anunciarse su muerte, del mismo modo que Aegon II usurpó el trono forjado con espadas en la serie de HBO Max. En la ficción, Rhaenyra se lame las heridas de la traición y se rearma para la venganza en Rocadragón, que es la Normandía ficticia desde la cual Matilde invadió en su día. Al final, la historia también da una de cal y otra de arena porque, según lo acordado en el Tratado de Wallingford en 1153, el pérfido Esteban de Blois se salió con la suya y pudo reinar hasta su muerte dando lugar, solo ahí, a que la línea sucesoria que tenía que haber seguido sin disputa alguna se alzara. Matilde no llegó a reinar, a pesar de ser la emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico pero, cuando su hijo fue coronado rey como Enrique II, fundó la larga e ilustre dinastía Plantagenet, nombre atribuido a su padre, Godofredo V de Anjou (segundo marido de Matilde), quien siempre llevaba una ramita de retamas amarillas en su sombrero como emblema. El fin de esta casa sucedió mucho más adelante, en 1485, con la Guerra de las Rosas , que enfrentó a la rama Lancaster (vendrían a ser los Lannister) con los York (serían los Stark) y los triunfantes Tudor (los Targaryen), en una contienda sin cuartel que sirvió a George R. R. Martin para cartografiar las afinidades y enemistades de 'Juego de tronos'.