¿Qué ha llevado a Suecia, paradigma de acogida de inmigración hasta hace una década, a convertirse en el tercer país de Europa con más muertes por armas de fuego por 100.000 habitantes? ¿Por qué se ha disparado la delincuencia juvenil y por qué son cada vez son cada más jóvenes los 'killers' reclutados por las bandas del crimen organizado? Las respuestas van de la desigualdad y marginalidad social en un país identificable como próspero a las barreras a la integración laboral que se impusieron a quienes llegaron al país no desde la crisis migratoria de 2015, sino varias décadas antes. Surgieron así los llamados "clanes árabes", o mafias del narcotráfico, que hoy tienen sus bastiones en ciudades como Malmö, Göteborg o Estocolmo, en Suecia, así como en Berlín o los grandes nucleos urbanos de la cuenca del Ruhr, en Alemania.Seguir leyendo....